Cultural Pública es un colectivo de investigación interdisciplinaria que pretende explorar la relación entre Arte, Cultura y Sociedad

27.8.10

Cultura e igualdad: un enfoque desde las nuevas perspectivas del sujeto político...

En El libro del té, Okakura Kakuzô nos recuerda que el teísmo, o filosofía del té, expresa junto con la religión y la ética, la concepción integral del hombre y de la naturaleza. Al referirse a la sociedad oriental japonesa escribe: “Nuestras habitaciones, nuestra cocina y nuestra indumentaria; nuestras lacas, nuestras porcelanas, nuestra pintura y nuestra literatura han sufrido su influencia. Nadie que conozca la cultura japonesa podrá negarlo. Ha penetrado en todas las mansiones, desde las más nobles hasta las más humildes. Ha enseñado a la gente del campo el arte de arreglar las flores y al más humilde trabajador el respeto hacia el agua y las rocas.” Para Okakura el té es higiene, economía y geometría moral capaz de definir el sentido de la proporción de los seres humanos respecto al Universo.

Este fragmento alude al papel central que juega la cultura en todos los procesos de interacción humana, como la religión, la arquitectura, la ciencia, el arte, la comida, la política, etc... Si bien la cultura pertenece de manera orgánica a la vida práctica del ser humano y se ha reconocido como un derecho universal en la mayoría de las constituciones de los países democráticos, los desafíos que se enfrentan para instrumentar su protección y acceso han quedado pendientes en la mayoría de los casos. Más que hacer un diagnóstico sobre la cultura en México me gustaría hacer una reflexión sobre los fundamentos filosóficos en los que se basa el discurso igualitario de la cultura en las democracias liberales modernas, para después esbozar algunas propuestas para un futuro cercano.

En México los derechos de acceso a la cultura, respeto a la diversidad cultural y a la libertad creativa se reconocieron como garantías individuales durante la LX Legislatura, al reformar el artículo 4˚ de la Carta Magna:

Toda persona tiene derecho al acceso a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios que presta el Estado en la materia, así como el ejercicio de sus derechos culturales. El Estado promoverá los medios para la difusión y desarrollo de la cultura, atendiendo a la diversidad cultural en todas sus manifestaciones y expresiones con pleno respeto a la libertad creativa. La Ley establecerá los mecanismos para el acceso y participación a cualquier manifestación cultural. El Estado tutelará estos derechos.

Jurídicamente a partir del 1 de mayo del 2009, la cultura pasó de ser un programa de gobierno –sujeto a criterios de los gobernantes en turno – al ejercicio de un derecho constitucional del pueblo mexicano, que debe ser garantizado por el Estado. Esta reforma plantea de manera implícita el binomio de cultura e igualdad. Es decir, se entiende la cultura como un derecho universal que todos los ciudadanos del mundo deberán poder gozar y ejercer por igual.

Si bien las constituciones políticas de todo Estado moderno que se considera democrático, así como la declaración universal de Derechos Humanos “garantizan” el ejercicio de la Igualdad y la Cultura, es importante notar que el discurso de estos derechos está claramente ligado a un pensamiento unitario y consensual de la democracia en el que existe un acuerdo “sobre el orden de desigualdad que se cree más apropiado para garantizar a los más desfavorecidos una parte suficiente de poder y bienestar” . Esta forma de entender y practicar la Democracia tiene como punto de partida la separación de lo político del poder y es así como, de acuerdo con el filósofo francés Jacques Rancière, se logra dominar pacíficamente a la sociedad dejándola “en su estado de igualdad, satisfacción de lo privado y autorregulación de las pasiones” . Hannah Arendt plantea que el primer derecho del ciudadano es el derecho a tener derechos, sin embargo, sólo puede tener derechos aquél que puede plantear la obligación racional que el otro tiene de reconocerlos. Por lo tanto, la idea de una sociedad democrática en términos de igualdad política y cultural va más allá de los principios institucionales que la fundamentan como régimen político: elecciones, partidos políticos, división de los tres poderes de la república, respeto a la voluntad de la mayoría y de las minorías.

En su sentido más amplio, la democracia puede ser entendida como “el modo de subjetivación por medio de la cual existen sujetos políticos” en una comunidad dada y cuya participación toma la forma de contrapoder partiendo de un principio de igualdad . Es decir, una sociedad democrática está basada en la posibilidad que tiene cualquier individuo, en su calidad de sujeto democrático, de existir como “poder de división” del okhlos para reclamar sus derechos. Pensado así el quehacer político, es imposible concebir una sociedad democrática con una forma determinada, ya que sus divisiones y diferencias internas no cesan de trabajar y de orientarse por la posibilidad que tiene de alterarse en la propia praxis . En este sentido, la democracia deja de ser el reino de la ley común o del reino plural de las pasiones, para convertirse en el lugar donde la facticidad se presta a la contingencia y a la resolución del trazado igualitario . Retomando la igualdad aritmética de la constitución democrática de Platón , la democracia liberal se plantea hoy como la adición unificada de las diferencias en una sociedad. Esta concepción de democracia no permite ver al demos como un sujeto presente en todo el cuerpo social capaz de deshacer colecciones y ordenaciones, sino como aquél que se define por su relación positiva respecto del orden que se le asigna en la comunidad política: la de elegir a sus representantes que buscarán hacer valer sus derechos como individuos. Haciendo una crítica al consenso como el valor central en el ejercicio de los derechos ciudadanos en las democracias modernas, Mouffe escribe: “Lo que es específico y valioso de la democracia moderna es que, cuando se entiende apropiadamente, ésta crea un espacio en el que la confrontación se mantiene abierta, las relaciones de poder siempre se cuestionan y ninguna victoria es definitiva. (…) Esta democracia agonal requiere que se acepte que el conflicto y la división son inherentes a la política y que no existe un lugar en el que la reconciliación pueda ser definitivamente alcanzada como una completa actualización de la unidad de la gente” (pp. 745-748)

Tomando como referencia las propuestas culturales de Zizek, Rancière y Chaui me gustaría proponer un programa cultural-democrático que tome como principio la igualdad política , ya que sólo a partir de ésta el sujeto democrático tendrá la posibilidad real de interrumpir el orden natural de la comunidad reclamando una distribución diferente en la que se puedan desencadenar procesos creativos en los que se logre hacer proyecciones que culminen en la autorrealización del individuo y la comunidad.

En Cultura y Democracia, Marilena Chaui recupera el valor de uso de la cultura a través del concepto de trabajo:

“El trabajo, como sabemos, es la acción que transforma lo existente en algo nuevo, produciendo lo que hasta entonces no había existido. […] Así entender la cultura como trabajo, es reconocer que ésta también se ofrece a los otros sujetos sociales, se expone a ellos, se ofrece como algo a ser recibido por ellos para formar parte de su inteligencia, sensibilidad e imaginación y es retrabajada por los receptores, sea porque la interpretan, sea porque una obra suscita la creación de otras”.

Al hacer esto, Marilena Chaui rescata la importancia de la producción cultural en el desarrollo integral de la sociedad. En términos prácticos, se propone pensar la cultura como proceso de creación y por lo tanto de trabajo, trabajo de la inteligencia, de la sensibilidad, de la imaginación, de la reflexión, de la experiencia y del debate, tanto para el artista como para el público. Entender así la cultura, requiere de un Estado que la conciba no solamente como un servicio público sino principalmente como un derecho ciudadano a partir del cual se impulse el desarrollo humano de una sociedad. En el ejercicio del derecho a la cultura, los ciudadanos, como sujetos sociales y políticos, se diferenciarán, entrarán en conflicto, comunicarán e intercambiarán sus experiencias, rechazarán formas de cultura, y crearán otras.

Esto sólo será posible en la medida en que el Estado y los actores encargados de la gestión cultural cumplan por lo menos las siguientes tres condiciones:

• Asegurar el derecho de acceso a las obras culturales producidas. Más que a la oportunidad de producir obras culturales, es indispensable garantizar que todos los ciudadanos tengan la oportunidad de disfrutar de éstas.

• Garantizar el derecho de producir obras. La cultura entendida desde su concepción más amplia, abarca todo lo humano, es decir, va más allá del campo de las bellas artes y por lo tanto las personas que no son artistas también son productores de cultura en tanto que son autores de su propia memoria. Así, esta condición resalta la importancia de que todos los ciudadanos, tanto artistas como no-artistas tengan la posibilidad de producir aquello en que son sujetos de su obra: los artistas deberán tener la posibilidad de crear obras, y en el caso de aquellos que no son artistas, se deberán ofrecer condiciones para que éstos puedan crear formas de registro y preservación de su memoria, de la cual son sujetos.

• El derecho de participar de las decisiones sobre políticas culturales. Será indispensable que los ciudadanos tengan la posibilidad de intervenir en la definición de las directrices culturales y de los presupuestos públicos, a fin de garantizar tanto el acceso como la producción de cultura.

Para asegurar la sustentabilidad de estas prácticas concretas, éstas deberán estar orientadas en función de ciertas premisas básicas como: un concepto de cultura que promueva la formación de la identidad personal basada en el principio de inclusión ; políticas públicas abiertas y flexibles que partan de las necesidades culturales específicas de una sociedad; la promoción de la apropiación por parte de los sujetos de los logros y los saberes tanto individuales como colectivos; una concepción de “Estado” como comunidad en la que circulan culturas en los múltiples contextos grupales que la habitan y que están en perpetua actualización; una forma dinámica de concebir la cultura, apelando a su reconstrucción y recreación a partir de la interpretación y negociación constante de quienes la integran; procesos de reflexión y análisis que permitan a todos los actores de la comunidad replantearse, desde distintos lugares, el papel que desempeñan la ideología y la división y lucha de clases en la elección de alternativas en el contexto institucional; la construcción de prácticas que posibiliten el tratamiento democrático de la cultura asumiéndola como un sistema de significación que permita a todos los sujetos redescubrir el mundo y apropiarse de él.

En Definición de la cultura, Bolívar Echeverría define la cultura como el momento autocrítico de la reproducción que un grupo humano determinado, en una circunstancia histórica, hace de su singularidad concreta (p. 187). De acuerdo con este autor, la cultura sólo se reproduce en la medida en que se cuestiona a sí misma, se enfrenta a otras y se combina con ellas, defendiéndose de ellas y también invadiéndolas. Al ser considerada una dimensión esencialmente humana, la cultura comparte la misma naturaleza “bifacética” que Echeverría (2001a) le atribuye al ser social: tiene un carácter práctico y uno semiótico. Por lo tanto, cualquier materialización de la cultura será el producto de la síntesis de un proceso operativo y de proyección del sujeto. Esto hace que la producción cultural sea un elemento central en los procesos imaginativos de una sociedad, ya que a través de ésta, el sujeto político es capaz de potenciar la proyección y la materialización de escenarios posibles y de cambio social. Por lo tanto, cualquier reflexión en torno a la política cultural y la producción cultural, deberá de reconocer el valor de uso de la cultura, es decir, pensarla no sólo como un elemento identitario o como un factor de desarrollo económico sino como una dimensión constitutiva y autocrítica de la reproducción humana a través de la cual un grupo determinado inventa y reinventa las posibilidades de su singularidad concreta. Si se piensan tanto la cultura como la igualdad en el contexto democrático aquí planteado entonces se reconocerá por qué estos elementos no sólo son positivos para la democracia, sino esenciales para su existencia.

Andrea Ancira

[1] El concepto de “esfera pública” es un claro ejemplo de cómo se han planteado en la filosofía política liberal este tipo de “acuerdos”. Comúnmente se utiliza este término para referise a un espacio de deliberación en una democracia en donde se busca llegar al consenso. No obstante, este concepto se utiliza sin considerar que, desde el planteo de Habermass, esta idea se refiere únicamente a un fenómeno asociado al nacimiento de la sociedad burguesa democrática-liberal en Europa. Así, contrario a lo que normalmente se argumenta, la esfera pública no es democrática per se, ya que ésta es un espacio reservado únicamente para los dueños de la propiedad privada que, como “ciudadanos iguales”, deliberan sobre sus problemas comunes hasta llegar a un consenso basado en un discurso argumentativo racional.

[1] Jacques Ranciere. “La comunidad de los iguales”, p. 114

[2] Jacques Rancière, “El fin de la política o la utopía realista”, En los bordes de lo político, Buenos Aires, La Cebra, 2007, p. 44.

[3] La escuela radical francesa representada por Jacques Rancière, Alain Badiou y Étienne Balibar, nos propone repensar lo politico ya no como una esencia unitaria en la que se disocia el pensamiento de lo político del pensamiento de poder, sino como una esencia indeterminada en la que las divisiones y diferencias internas no cesan de trabajar, de orientarse y de alterarse por las prácticas sociales. Así, el verdadero sujeto político se constituye cuando su participación toma la forma de contrapoder en un orden establecido.

[4] Jacques Rancière, En los bordes de lo político, Buenos Aires, La Cebra, 2007, p. 9.

[5] Del griego ochlos: significa multitud, masa, chusma, plebe. Según Rancière, en la edad democrática moderna, esta división es la fuerza humanizante que se encuentra en el corazón mismo del conflicto democrático. se manifiesta como lucha de clases la cual proclama en el corazón mismo del conflicto democrático.

[6] Chaui, Marilena. “Cultura y democracia”. En publicación: Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano no. 5. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Publicado por Le Monde Diplomatique, España. Julio 2008, p. 7.

[7] De acuerdo con el filósofo Antonio González, los actos son contingentes porque acontecen independientemente de que una investigación ulterior determine si su acontecer era o no necesario. Es una contingencia, no en el nivel explicativo, sino en el nivel puramente análitico o descriptivo. Esta contingencia incluye y trasciende la facticidad. Y es que los actos no consisten solamente en la actualidad fáctica de lo actualizado, sino que su acontecer es una actualización. Lo que se actualiza es, si se quiere, un factum, pero la actualización es algo más radical que un factum. Es un facere en el sentido de un surgir que culmina en lo que surge, pero que no se agota en su término. Factum es en realidad un participio pasivo, que designa lo hecho, mientras que contingens es un participio activo, que designa el surgir de lo que surge, el acontecer de la facticidad. Ciertamente, el surgir incluye lo que surge, pero no se agota en ello (Antonio González, 2008)

[8] Un gobierno democrático que se apoya en una justicia de tipo aritmético quiere, stricto sensu, la igualdad de todos y por lo tanto basa la condición de cada individuo respecto de la de cualquier otro en razones de identidad (a=b=c=d=…=x). Este concepto se contrapone al de igualdad geométrica o proporcional propuesto por Aristóteles, y el cual defiende una justicia distributiva basada en el mérito. Para Aristóteles, un gobierno justo actúa en pos de una igualdad proporcional. A este tipo de justica es a lo que Bodino llamó “justicia armónica”.

[9] Cuando la igualdad es un fin por alcanzar en lugar de un principio de acción política, ésta está sujeta a la iniciativa de individuos y grupos que inventan formas (individuales y colectivas) para verificarla ignorando que éstas no hacen más que seguir reproduciendo las desigualdades diferenciales en un orden social dado. Rancière define la igualdad política como el principio fundamental a través del cual los individuos y grupos marcan su inscripción en la comunidad reclamando una distribución diferente inventando formas individuales y colectivas para su verificación. Ver Jacques Rancière, En los bordes de lo político, Buenos Aires, La Cebra, 2007

[10] El valor de uso hace referencia a las necesidades humanas y al proceso de producción que lleva a obtener esos objetos a los que se les llama valores de uso, que satisfacen las necesidades humanas y por tanto están en el centro de la vida humana y de la reproducción de la sociedad. Revisar Bolívar Echeverría, Valor de uso y Utopía,

[11]Chaui, Marilena. “Cultura y democracia”. En publicación: Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano no. 5. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Publicado por Le Monde Diplomatique, España. Julio 2008, p.2.

[12] El cual supone una verdadera comnicación entre las personas de una comunidad. En esta sentido Identidad y alteridad conforman una dialéctica, sin la cual el “yo” y la participación se vuelven impensables.Morín, Edgar (1999): “La cabeza bien puesta”, Buenos Aires, Nueva Visión.

[13] Laura Arce, Alteridad y participación: El Binomio Indispensable para construir una cultura de paz.

[14] Gilbert Durand, Las estructuras antroplógicas de lo imaginario, Fondo de Cultura Económica, México 2005.

8.8.10

Caso CECUT - Las Puras Grillas

Importante aclaración: esta nota fue tomada de http://bitacoracultural.com/

Contactamos al sitio para poder reproducir el texto siguiente:


Las arbitrariedades de Conaculta: El caso turbio del CECUT

Por Roberto Rosique

Artista visual tijuanense

Parece ser que remar a contracorriente es la consigna de la política mexicana, no hay una sola dirección institucional en el país que esté encabezada por el sujeto idóneo, aquél que se ha preparado o especializado a consciencia para desempeñar ese cargo.

El dirigente en turno acomoda a sus amigos en los puestos que considera clave para así desempeñarse sin contratiempos y que los jugosos beneficios no se dispersen en la comunidad; la funcionalidad, la eficacia de las instituciones son irrelevantes. "Ya aprenderá como irla sacando adelante", es la respuesta común para justificar la inexperiencia; esto es tan habitual que no sorprende, que incluso, consideramos normal. Tal es el caso actual del Centro Cultural Tijuana, cuya imposición del dirigente por parte de Consuelo Sáizar, directora del Conaculta, ha desatado, como pocas veces, indignación en un amplio sector de la comunidad cultural local y nacional.

La colectividad cultural tijuanense se divide por estas acciones centralistas: por un lado está la que toma partido (la minoría), coludida con la jauría política que celebra victoriosa su permanente condición de poseer este espacio cultural (CECUT) como coto de poder para el pago de facturas pendientes, y son avalados por un hato de empresarios cuyo lema business are business da cuenta clara de su amor ficticio por la cultura. Juntos, en un apoyo irrestricto a la decisión de Conaculta se atrincheran en el CECUT.

Y la otra (la mayoría), la que descalifica la manera draconiana y desvergonzada de imponer un dirigente cultural, sin prestarse, por lo menos, al juego democrático (a sabiendas de que es una palabra demolida por la arbitrariedad y la corrupta política mexicana); la que juzga el menospreciar la toma de decisiones concertadas con la comunidad; la que cuestiona el ignorar las propuestas abiertas y públicas de candidatos honorables, pero sobre todo preparados profesionalmente para alcanzar ese cargo. Este dilema, que hemos visto repetirse en varias ocasiones en el CECUT, parece no tener intención de cambiar, sin embargo los tiempos son otros y por respeto a la cultura tijuanense, la opinión de sus ejecutantes merece ser tomada en consideración.

Conaculta, los políticos y empresarios que conciben su actuación en términos estrictamente clientelares, de creación de vínculos con vistas al mantenimiento de su posición dominante, ignoran que una institución cultural sin artistas no tendría razón de ser; el propio Conaculta sería inexistente. El CECUT que fue el fruto de un capricho presidencial (particularmente de Carmen López Portillo, esposa de uno de los presidentes más siniestros que ha tenido México) para cristalizar su ensueño y vanidad, al dejar una obra para ser inmortalizado (aunque tristemente lo recordemos más como el perro que no defendió nada); este capricho ha sido venturosamente un enorme escaparate que ha contribuido en la expansión de la cultura bajacaliforniana, de ahí la preocupación de que la dirección sea para Conaculta únicamente un cheque al portador para cubrir sus adeudos pendientes.

No se entienden los motivos de Consuelo Sáizar de no dar contestación a las cartas firmadas por artistas de todas las disciplinas e intelectuales, locales y nacionales, de becarios de premios estatales y nacionales, de profesionistas, de estudiantes, sí (de licenciaturas, maestría y doctorados), que únicamente solicitaron explicaciones del porqué de esa decisión turbia y antidemocrática.

Tal vez sea que la habitual costumbre de mirar al centro para que artísticamente nos validaran, desde hace tiempo ha pasado al olvido y estos actos arancelarios del dedazo les proveen, por lo menos en el CECUT, la seguridad de un control absoluto. Puede ser, aunque no creo en tal arrebato de inocencia; es desde mi apreciación el importamadrismo de un gobierno absolutista y demagógico, que toma esa decisión sin rascarse la cabeza, seguro que nada pasaría, que después de unas cuantas rabietas de artistas necios todo quedaría en el olvido y las cosas retornarían a la normalidad.

Los progresos y reconocimientos a la cultura bajacaliforniana en el ámbito mundial son el fruto del ejercicio tesonudo y la mayor parte de las veces solitario de su comunidad creativa y nadie pone en duda la participación del CECUT, de ahí también su reconocimiento internacional; por ello la preocupación por quien encabece la institución y de que nos preguntemos ¿qué ha hecho para merecerlo? y lo más preocupante, si no es el indicado ¿qué podemos esperar de él? Por lo tanto, quien asuma esa responsabilidad deberá contar con un perfil que garantice un desenvolvimiento profesional y ya no -por favor- dejar al beneficio de la duda su futuro desempeño; los tiempos del “a ver qué pasa” deben quedarse atrás.

Para la dirección del CECUT se requiere (porque así lo exigen los logros alcanzados por la comunidad cultural a nivel mundial, y porque así lo demanda la comunidad local para ejemplo de nuestros alcances y beneficio de sus frutos) de alguien que articule políticas culturales de mayor ambición y alcance, que invente nuevos ámbitos de debates. Es indispensable alguien preparado para ello, de un especialista que domine y conozca los contextos mundiales del arte, sus corrientes y apuestas contemporáneas; de alguien, incluso, que tenga los contactos internacionales para conformar puentes entre lo externo y la producción local, contactos que permitan agilizar las rutas de acceso a los circuitos internacionales del arte, alguien que gestione con autonomía, lo que resulta imposible cuando su designación postiza le exige sumisión a intereses partidistas, de ahí la reclamación de una elección consensada con la comunidad en la que se permita la propuesta de individuos competentes, reconocidos por sus desempeños dentro de las políticas culturales, que no necesariamente tienen que ser tijuanenses (que este es otro de los infantilismos: si no es tijuanense, no), y ejemplos para ello sobran (Ery Cámara, Gerardo Mosquera, Rosa Martínez, Pablo Helguera, Carmen Cuenca, etc.).

Tal vez ambiciono demasiado. Esto será imposible alcanzar cuando sólo se cuenta con experiencias raquíticas en el ámbito cultural, experiencias, además, tristemente adobadas con títulos de reconocimientos familiares, con logros minúsculos engrandecidos por alabanzas oropelescas de timoratos locales. Será quimérico lograrlo, si la máxima aspiración del dirigente es postrarse en la cabecera de la institución cultural para cumplir con su proyecto de vida, cuando lo que necesita esa institución no es cumplir caprichos personales sino ayudar a trascender a su comunidad cultural con proyectos consensados, ambiciosos y transnacionales.

Imposible lograrse si el dirigente adornado de compasivos adjetivos confía su desempeño en la buena voluntad, con el pretexto de su amplísima experiencia política y educativa lamentablemente ajena a la cultura. Nadie duda de que esa experiencia curricular pueda ser útil, sí, pero en otros espacios, no en el cultural y particularmente en la dirección del CECUT.

Su permanencia sería irremisiblemente una microcefalia preocupada por mirarse el ombligo, desempolvar el pasado y llenar las agendas de exposiciones mediocres y de los artistas en gracia que Conaculta itinera por los estados. El prestigio de la institución le exige mirar, inexcusablemente, hacia delante. Y no se trata de menospreciar la producción local, se trata de adelantarnos, recuperar el atraso que perdimos en el pasado y reafirmar nuestra posición internacional a través de ideas innovadoras y un trabajo de calidad, llámese conceptual o retiniano.

Permanecer con los conceptos de las vanguardias históricas y añorarlas, no es tan grave, pero estas labores de casa, que son imprescindibles también, como es reconocer y mantener vivo el pasado, apoyar lo emergente y divulgarlo, pueden ser perfectamente cubiertas por las otras instancias culturales del estado (el ICBC y el IMAC) que esa es su capacidad, su función y obligación.

La aparentemente incierta decisión que llevó a ciertos artistas a apoyar esta imposición, se encuentra encubierta en el miedo a ser excluidos de las salas expositivas del CECUT o de las ediciones de libros, o de conciertos musicales o de puestas en escena o coreográficas, y la más constante y vergonzosa: la aceptación acrítica de la situación y la integración, por parte de los más hábiles, en el organigrama cínico.

Las prebendas para exponer en el Cubo del CECUT a cambio de favorecer con su apoyo a la dirección, parece ser la más preciada carnada, que ya comenzó a rendir frutos. No debe culparse a los artistas que han aceptado porque el desempeño tibio y el resultado de sus producciones lo han mantenido soterrado en el anonimato, y una oferta de esta categoría sería una tontería imperdonable despreciarla; es el acto mezquino de doblegar el que incomoda, a la vieja usanza priísta y la actual práctica panista (nada ha cambiado en nuestro Estado), lo que encabrona es la manera brutal de coacción absolutista en la que subyuga el beneficio personal mal habido al intelecto y pone en evidencia la forma de actuar que nos espera, por lo menos el resto del sexenio.

Vivimos aterrados (según televisa, la radio, los diarios locales y nacionales) por una violencia desbocada que ni las fuerzas castrenses pueden parar y los gobiernos conscientes de ese pánico nos mantienen distraídos con información baladí y falseada para no cuestionar su incompetencia administrativa, la misma que ha permitido que el pueblo se hunda cada día más en la miseria. Si ésta, que es una realidad inobjetable les vale un comino, qué importancia puede tener para ellos la recriminación de una comunidad cultural porque Conaculta tome decisiones arbitrarias. Es cierto, ninguna, pero levantar la voz, inconformarse y cuestionar acciones intolerables como ésta, es lo menos que debemos hacer, aunque esto conlleve quedar guardado en la gaveta de un olvidado archivero del CECUT, lo que, haciendo cuentas, será menos triste o vergonzoso (depende) que apoyar una causa estigmatizada por su origen, que nació lisiada y que irremediablemente seguirá coja, aunque sus agoreros quieran maquillarla con entrevistas simuladas y otra serie de baratijas que no convencen ni a ellos mismos. Sea pues.

Cuando anulen su voto estas próximas elecciones piensen un poco en lo que merecemos, si es que lo merecemos.





17.7.10

ALTERIDAD–PARTICIPACIÓN: EL BINOMIO INDISPENSABLE PARA CONSTRUIR UNA CULTURA DE PAZ

INTRODUCCIÓN

La presentación de esta ponencia tiene como propósito compartir una experiencia concreta que se viene gestando en una institución escolar. Tal experiencia viene habilitando a todos los actores de la comunidad a encontrarse y reencontrarse a partir de uno de los motivos que más convoca: la construcción de conocimientos y saberes. Sin lugar a dudas, la escuela ha tenido como misión fundamental a lo largo de la historia la endoculturación de las nuevas generaciones. El antropólogo Marvin Harris, en su obra “Introducción a la Antropología General” del año 2000, define este proceso como:
“ Una experiencia de aprendizaje parcialmente consciente y parcialmente inconsciente a través de la cual la generación de más edad invita, induce y obliga a la generación más joven a adoptar los modos de pensar y comportarse tradicionales.”
Sin embargo, tal proceso encierra un riesgo que amerita ser analizado desde una perspectiva específica y compleja cuando se articula con el proyecto tradicional y fundador de la institución que se denomina “Escuela”. El riesgo estriba en continuar reproduciendo un gran cúmulo de prácticas cotidianas que operan como verdaderos “habitus”, es decir, que se naturalizan, no se interpelan, volviéndose así rutinarias. Es común que, en estrecha relación con los procesos de endoculturación, la institución escolar sea el ámbito más propicio para continuar generando prácticas que se articulen con la adquisición de conocimientos y saberes básicos: leer, escribir, calcular, los cuales si bien son esenciales, no deben ser los únicos. De esta manera, las instituciones educativas han sido obedientes receptoras de los requerimientos culturales del mundo capitalista. Han premiado el individualismo, la excelencia, la competencia, propiciando sostenidamente el repliegue de los sujetos a los imperativos de instituciones que éstos viven como cada vez más ajenas.
Como alternativa a lo hasta aquí expuesto, se intentará defender como tesis central la necesidad imperiosa de repensar las instituciones educativas para que verdaderamente logren cumplir con tan compleja y esencial misión, pero teniendo como objetivo central el rescate de la persona, y por lo tanto, de su identidad, por constituir ésta un derecho inalienable, y aquél un deber esencial de la escuela.
Edgar Morin, en su obra “La cabeza bien puesta” del año 1999, define el concepto de identidad en estrecha relación con la noción de sujeto. Según este autor, la primera definición de sujeto sería el egocentrismo, siendo el “yo” el acto de ocupación de un sitio que se vuelve centro del mundo. La identidad del sujeto conlleva un principio de distinción, de diferenciación y de reunificación. Sin embargo, tal construcción no sería viable sin lo que este teórico denomina como principio de inclusión, el cual supone la comunicación entre personas. Identidad y alteridad conforman una dialéctica, sin la cual el “yo” es impensable.
En el siguiente apartado se continuará incursionando en estos conceptos, ya que la vivencia de la alteridad, de la diversidad y de la participación permite forjar las bases de una cultura de paz.

DEL ORDEN DEL DISCURSO A LA CONSTRUCCIÓN DE PRÁCTICAS CONCRETAS
Sin lugar a dudas, el pasaje del discurso a los hechos se encuentra, en general, cargado de incertidumbre, desencuentros e, inclusive, hasta de oposiciones, lo cual amerita cuestionarse acerca de lo que se nos presenta como “natural”. Autores como Bourdieu y Wacquant, en su obra “Respuestas. Por una Antropología reflexiva”, del año 1995, nos advierten sobre esto, afirmando:
“En virtud de que nacimos dentro de un mundo social, aceptamos algunos postulados y axiomas, los cuales no se cuestionan y no requieren ser inculcados… De todas las formas de persuasión clandestina, la más implacable es la ejercida, simplemente, por el orden de las cosas”
Este apartado intentará propiciar el análisis de estos aspectos: “orden”, “rutinas”, “rituales”, “matrices”, “patrones”. Sin lugar a dudas, estos conceptos ingresan explícita o implícitamente en los contratos didácticos escolares, impregnando no solamente las prácticas de enseñanza, sino también los particulares modos de organización e interacción social que, en los hechos, son “enseñados” o “retroalimentados” en estas instituciones.
Por lo expuesto, se hará indispensable propiciar múltiples instancias de encuentro y reflexión que permitan poner en evidencia aspectos fundamentales que subyacen en los distintos niveles de concreción de las prácticas institucionales. No resultaría novedoso afirmar que los modelos teóricos que se explicitan no siempre se hallan presentes, de hecho, en las prácticas diarias de todos los que integran una institución educativa. Este aspecto es clave, puesto que la construcción paulatina y consensuada de una identidad escolar constituye una producción compleja que amerita, desde el comienzo, analizar y problematizar algunas categorías como las que se enumeran a continuación a modo de ejemplo:
Espacio Institucional: características y estrategias de uso. La reflexión sobre este aspecto podría dar cuenta o bien de “estereotipias” o, en las antípodas, de un uso funcional, creativo y democrático. La utilización del espacio nunca es azarosa, sino que, por el contrario, es un fiel reflejo de las múltiples ideologías de los actores que conforman la institución. Pensemos si en las escuelas y otros centros educativos se “garantizan” los espacios “públicos”, es decir, aquellos “lugares” de verdadero encuentro. Los “halls” y los pasillos son simples lugares de “intersección”, de tránsito, que solamente habilitan intercambios fugaces, pero nunca de verdadera comunicación.

Ideología: volviendo a este aspecto, existen verdaderos rituales relacionados con la enseñanza y el aprendizaje que se instituyen tanto fuera como dentro del aula. Los mismos tienen su anclaje tanto en las matrices de aprendizaje como de enseñanza de docentes, alumnos, padres y estudiantes. Cabe recordar que el concepto de “matriz de aprendizaje” fue expuesto por la teórica Ana de Quiroga, quien la definió, en su obra “Matrices de aprendizaje” editada en el año 1996, como “la organización personal y social que se construye en procesos de interacción y aprendizaje, es decir, en procesos comunicacionales”.

Organización Social -Interacciones Sociales: en este orden se tratarían de analizar los entramados vinculares entre todos los que integran el centro escolar. En el contexto de este abordaje específico, sería más que pertinente repensar estrategias y configuraciones didácticas que propicien la relación dialéctica persona-grupo.

Rituales: éstos requieren especial atención, ante todo cuando lo que se intenta ir gestando es un sostenido cambio cultural. Los conceptos de “orden” y “control” suelen impregnar tanto las prácticas como las relaciones educativas. La simplificación de lo complejo, el ocultamiento del conflicto, las prácticas discursivas homogeneizadoras, entre otros ejemplos, se articulan y retroalimentan con los rituales que se dan cita diariamente en las escuelas.



LA TEORÍA TRADUCIDA EN LA PRÁCTICA: HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA DIDÁCTICA QUE PROPICIE EL TRATAMIENTODEMOCRÁTICO DE LOS SABERES

Uno de los aspectos actualmente objeto de discusión consiste en la construcción de acuerdos pedagógico-didácticos que permitan sustentar praxis concretas, las cuales estén orientadas en función de ciertas premisas básicas, a saber:

-Un concepto de educación que promueva la formación de la identidad personal

-Propuestas didácticas abiertas y flexibles, entendiendo por éstas las que parten de las necesidades educativas y de aprendizaje específicas de los alumnos. Esto conlleva buscar con los niños lugares simbólicos donde cada uno de ellos pueda sentirse identificado

-La promoción de la apropiación por parte de los sujetos de logros y saberes

-Una concepción de “escuela” como comunidad en la que circulen conocimientos y saberes reeditados en los múltiples contextos grupales

-Una forma dinámica de concebir la “cultura”, apelando a su reconstrucción y recreación a partir de la interpretación y negociación constante de quienes la integran

-Un concepto de “enseñanza” que revalorice el lugar que ocupa el “cuerpo” en los procesos síquicos

-Procesos de reflexión y análisis que permitan a todos los actores de la comunidad educativa replantearse, desde distintos lugares, el papel que desempeñan la ideología y la división y lucha de clases en la elección de alternativas en el contexto institucional

-La construcción paulatina de prácticas que posibiliten el tratamiento democrático del conocimiento, es decir, no tomando éste como un acto de fe, sino como un sistema de significación que permita a todos los sujetos redescubrir el mundo y apropiarse de él


ESTRATEGIAS CONCRETAS DE TRABAJO PRESENTES EN LA AGENDA DEL PRÓXIMO AÑO 2010

De acuerdo con las perspectivas ya analizadas, se plantea actualmente en el contexto de la comunidad qué papel habrá de cumplir la institución escolar, tanto en el momento presente como en el futuro. Las distintas instancias de consulta han permitido detectar un denominador común: es imperativa la transformación de la escuela, y con ésta, el establecimiento de nuevas relaciones que la vinculen más estrechamente con la realidad social que hoy nos toca vivir. Para lograr esta gran meta, se hará indispensable:
Un cambio en los valores y actitudes que tradicionalmente han primado

Una escuela verdaderamente enmarcada en la realidad histórica, social, cultural, étnica y lingüística, que participe en ella y que promueva -en una suerte de dialéctica-por un lado, su conservación, aunque también los cambios necesarios

Una escuela pensada por todos y para todos, enriquecida a instancias de la vivencia de prácticas de ciudadanía

Una escuela gestionada por todos que facilite la acción y el compromiso de los colectivos que conforman la comunidad educativa

Una escuela que entienda la educación como servicio público, pero también –y fundamentalmente-como un derecho no solamente de carácter político, sino esencialmente social y cultural


Por último, compete, como cierre de esta ponencia, presentar el borrador del plan de acciones sobre el cual se está trabajando. Este documento preliminar consta de diez puntos básicos:
1. Defensa y revalorización de los espacios de participación ya conquistados por los docentes. En este sentido, cabe destacar las ATD y las Salas de Reflexión, objeto estas últimas de discusión por parte de amplios sectores del Magisterio nacional

2. Creación a nivel institucional de instancias de participación relacionadas directamente con los procesos de decisión del propio centro: reuniones quincenales de carácter general para conocer problemas, conflictos, avances, prácticas exitosas, entre otros; reuniones por nivel, planificación de ateneos didácticos como instancias de discusión de problemas concretos derivados de las prácticas de enseñanza; planificación de cátedras abiertas como medio de recibir asesoramiento disciplinar, actualmente indispensable ante la aplicación de una nueva propuesta curricular. Se considera que estos espacios oficiarían de garantes de la libertad de cátedra y de la recuperación paulatina de la autonomía técnico-académica del cuerpo docente

3. Tiempos y espacios abiertos a la totalidad de la comunidad educativa como fruto del consenso de todos sus participantes. Tal consenso requerirá conocimiento previo y respeto tanto de la normativa vigente como de las pautas de organización y metas establecidas por todos los actores del centro escolar.

4. Tiempos y espacios destinados al trabajo en redes

5. Inclusión del centro en el “Programa de Escuelas Disfrutables”, con el cual se coordinan acciones para brindar apoyo a familias en riesgo social

6. Organización de exposiciones, clases abiertas, muestras, presentaciones y actividades: estas propuestas lograrán “romper” las rutinas escolares y fomentar la apertura de la institución a la comunidad en general

7. Creación de espacios organizados, como paneles y diario escolar, para que los distintos actores propongan, expresen ideas e impriman una renovada dinámica en el centro educativo

8. Realización de actividades en todo el espacio escolar disponible, y aun más allá de éste, teniendo las mismas por meta conjugar las propuestas de enseñanza con habilidades de utilidad social

9. Reconfiguración de los espacios existentes: se prevé a partir del mes de setiembre la puesta en marcha de proyectos de recreación planificados por docentes, alumnos, padres y otros actores de la comunidad. Los mismos implicarán diseñar juegos en el patio central, para cuya concreción se solicitará la colaboración de la plaza de deportes de la zona, del club deportivo Marne y de los comercios aledaños

10. Elaboración de un futuro proyecto que tendrá por meta principal la co-gestión del centro escolar a partir de la participación de maestros, alumnos, ex-alumnos, padres y vecinos. Se discute actualmente la implementación de delegados por clase que sesionarían quincenalmente para realizar propuestas, opinar y tomar decisiones. A los alumnos delegados se les sumarían maestros y padres representantes de cada una de las clases. Los docentes asumirían un papel protagónico en la promoción de estos procesos


En síntesis, se está gestando -de manera gradual pero sostenida-este futuro proyecto institucional, el cual integrará los distintos colectivos sociales, con la finalidad de conquistar mayor autonomía y promover no únicamente la expresión, sino la concreción de propuestas que den cuenta de las expectativas existentes en toda comunidad.
Continuamos, pues, bregando por el logro de una verdadera comunicación, sólo posible a partir del encuentro con los otros, es decir, de la vivencia de la alteridad como condición indispensable en la reconstrucción de una identidad escolar alternativa, a fin de que todos los actores involucrados se encuentren representados. Una identidad construida a instancias de la circulación de saberes inscritos en prácticas participativas, donde las estrategias de enseñanza sean seleccionadas teniendo en cuenta criterios y necesidades sociales que legitimen su incorporación.

BIBLIOGRAFÍA
BOURDIEU, Pierre; WACQUANT, Loïc (1995): “Respuestas. Por una antropología reflexiva”; México; Grijalbo
HARRIS, Marvin (2000): “Introducción a la Antropología general”; Madrid; Alianza Editorial
QUIROGA, Ana P. de (1996): “Matrices de aprendizaje”; Buenos Aires; Ed. Cinco
MORIN, Edgar (1999): “La cabeza bien puesta”; Buenos Aires; Nueva Visión.

Mtra. Laura Arce

4.7.10

TIEMPO QUE AL PERDERLO NO SE PIERDA ORO. (MESETA A 10 INTENSIDADES).

Pobres, lo que se dice pobres,
son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar,
como las alas de las gallinas que se han olvidado de volar.
(Eduardo Galeano, “Pobrezas”)

I

En algún día de septiembre, al inicio de sus diálogos, por alguna razón contingente, él arguyó: “el tiempo es oro”, a lo que ella respondió: “no, el tiempo es tiempo”; él, replicó, con una duda: “¿tú crees?”. No se dijo más. Quizá no esté ya en su memoria.

Situándonos en el kairós, en proyección hacia el pasado, se puede pensar que los dos se equivocaban. El tiempo ni es oro, ni tiempo en sí. O, como afirma Karl en los Grundrisse: todo valor termina siendo una cuestión de tiempo. El valor es tiempo: quantum; abstracción, homogeneización, serialidad, repetición, desgaste. Pero también, y antes, es valor de uso: lo cualitativo; es concreto, singular, diferente; es un bien; es placer. Si es placer entonces también es displacer, para ponernos freudianos. Placer como valor de uso; valor como displacer (principio de muerte): tánatos. El valor es tiempo; tiempo de trabajo (enajenado): ora desgaste, ora cansancio, ora morti-ficación: Nunca se le ve, en cuanto abstracto, es invisible, espectral, especular, terrorífico, intangible, como la muerte: es tanático.

El tiempo es valor de uso: tiempo para el uso de sí mismo, tiempo para el uso de los otros, tiempo para el uso de sí mismo con los otros, tiempo para él, tiempo para ella, tiempo para el cuerpo, tiempo para sentir, tiempo para desear, tiempo para el placer, tiempo para amar, tiempo para la fruición, tiempo para el ocio, tiempo para pensar, tiempo para conocer, tiempo para imaginar, tiempo para el silencio, tiempo para la serendipia, tiempo para vivir, tiempo para el momento, tiempo para el detalle, tiempo para lo espontáneo, tiempo para el azar, tiempo para la necesidad, tiempo para la libertad; tiempo para el concreto que siempre es complejo, rico, sintético y múltiple, o como bellamente lo diría Marx: “lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso”.

Lo concreto que es múltiple y complejo porque implica lo general, lo particular y lo individual. Lo individual que es sujeto, individuo, humano, que es la vida, ese “movimiento creador de diferencias, el dominio de la razón” (Lefebvre). La reproducción vital del ser humano como valor de uso inicial.

II

La violencia que está en el aire tampoco se ve, como el valor, parece intangible. Aún. Da visos. Aparece. Se expresa intermitente. Que así siga. Aunque late a jornada completa. Está a punto. Retorno de lo reprimido. Momento liminar. Miedo. Crisis psico(pato)lógica-->Crisis subjetiva-->Crisis valórica-->Crisis moral-->Crisis civilizatoria.

III

Aquí y ahora no hay en sí de las cosas. Su inmanencia es nula, se ha des-ontologizado. Ha sido transustanciada y fetichizada. Ya no en fetiche de las mercancías sino en fetiche del dinero. Como el dinero se desdobla en oro, entonces, “si el tiempo es oro” el tiempo es dinero. Y, como el dinero es valor, el valor es tiempo. Tiempo de trabajo. Trabajo que crea riqueza. Riqueza que tiene un límite inferior sobre la cual asentar una existencia deseable. Deseable para el espíritu, pero no para el espíritu humano: la razón, sino para el espíritu del capitalismo (Weber dixit) que lo ciñe todo. Es un universal ante rem, que toma la realidad como correspondencia, a la que se impone y la cual debe adecuarse, perfeccionar la idea omnipotente y de gran espíritu. Adecua la realidad a una metafísica. Lo hace enajenando, extrañando al sujeto de esa relación, lo desvanece como humano. Lo coopta introyectándole una moral, una rectoría valorativa que permite dar sentido a la acción de valorización del valor, la única acción racional, la única acción con sentido: la creación de capital. Dicha moral es el ethos protestante: para vivir adecuado al mundo moderno se debe cuidar e incrementar la riqueza (dinero que produzca más dinero) para procurarse un bienestar, pero a condición de atender las necesidades de reproducción de esa riqueza. Eso no se logra sino con responsabilidad, racionalidad, eficiencia y sentido realista. La autoafirmación decorosa, que permita ser mínimamente rico, debe partir de esos valores, realizando así esa ética auto-represiva.

IV

Memoria corta: “sin inmediatez con el objeto” (Deleuze). Ad-hoc a la saturación. Piensa rápido. Presurosidad del tiempo. Atomización del tiempo. Micro-tiempos aislados. Velocidades privatizadas. Discontinuidad textual. Flujo de imágenes. Aquí y ahora. A-historicidad.

V

¿Cómo valorar el azar, lo contingente, en una dinámica que, per se es negadora de ello? Se está en un estado que aísla la necesidad, para la pura consecución de esta. La incomunica evitando que converjan azar y necesidad, contingencia múltiple y necesidad cambiante, creadores de posibilidades de libertad. El azar que subvierte la dictadura de la necesidad, y con la cual se debe articular en una paralaje dialéctica.
El cuerpo, la psique individual se convierte en receptáculo de motivaciones, imputaciones, intencionalidades, pero también de represiones y constreñimientos que devienen en neurosis. La neurosis como pieza del rompecabezas. El desgaste de fuerza humana y la redirección de energía libidinal. La sublimación de las potencias instintivas, eróticas, pulsionales se metamorfosean en la actividad productiva y las diversas ocupaciones que van derivando del homo œconomicus.

La energía libidinal es consumida en el proceso de trabajo, absorbida casi en totalidad hasta su nulidad, y si le queda algún residuo es consumida en el proceso de consunción de objetos o de estilos de vida, de relaciones humanas que se convierten en “enteras concreciones cosificadas de la vida” (Lukács), dado el extrañamiento, la alienación de sí mismo y de los otros. El consumo del proceso de consumo (Jameson) cala hasta la insatisfacción y el malestar psíquico, fisiológico y emocional y se expresa en “un consumo desmedido del todo sin llegar al disfrute total de las cosas”. Y todo ello antes de poderla realizar efectivamente, en el acto lógico, biológico, procreativo de la vida: la práctica sexual.

Así no queda nada para eros: el placer, lo lúdico, lo sagrado, la ruptura. La economía libidinal se pone estásica. El valor-tiempo-abstracto-espectral-tanático subsume casi por completo al tiempo-valor de uso-concreto-erótico. Lo ha hecho por vía de “liberar” pulsiones en forma de que debiliten la energía creativa, erótica. La relación en vaivén dialéctico del cuerpo-razón, el cuerpo-imaginación, el cuerpo-pulsión como fuerza productiva procreativa-vital-metabólica, convertido en fuerza productiva técnica-instrumental y en fuerza destructiva de sí mismo.

Ocurre una representación de la vida como ensamblada en lo absoluto del proceso de maximización productivo y consuntivo. En los que las formas más salvajes del consumo (salvajes en tanto que va contra la sustancialidad humana que tiene lugar en la interacción de lo natural y lo social) cosifican los actos y gestos humanos, las redes de relaciones humanas en su conjunto. Gesto y acto humano articulados para la maximización de ganancias. En estos no hay ya trascendencia de las prácticas en tanto que se erradica la perspectiva. Así las decisiones y las prácticas se hacen tabula rasa (inconscientemente) para procurar la conservación del sistema.
Las redes de relaciones humanas desarrolladas por medio de relaciones de expresión, que darían cuenta de la necesidad de vincularse colectivamente son silenciadas. Vinculación reprimida por la relación entre cosas. La vinculación comunitaria convertida en tabú, además de ser reificada y cosificada. Se le vuelve abstracta, se busca reducir una síntesis que es irreductible, en tanto que fundada en la singularidad concreta de cada cual.

Es así una “liberación” que conlleva más represión: desublimación represiva (Marcuse). Represión, auto-sujeción, auto-explotación. Reproducción del mecanismo generador del valor que se autovaloriza, bregando por la conservación del proto-sujeto del cuál todo depende, del que todo irradia: el dinero-riqueza. La condición sine qua non: separación metódica de la esfera instintiva de la intelectual; la brecha entre el placer y el pensamiento; dislocación del cuerpo y el sentido; el abismo entre la tierra y el mundo; la escisión entre capacidad y necesidad; desgarramiento comunicativo hacía sí mismo y hacia lo Otro. El brazo del principio de realidad (mercado) envuelve al eros, absorbiendo la energía libidinal sin que ocurra una nueva síntesis. El sujeto es vampirizado en lo absoluto.

VI

Lo intelectual-pensante enajenado de la materia pulsional libidinal y convertido en fuerza productiva nodal (trabajo inmaterial) de la “sociedad del conocimiento”, general intellect lo llama Marx: “en esta transformación lo que aparece como el pilar fundamental de la producción y de la riqueza no es ni el trabajo inmediato ejecutado por el hombre ni el tiempo que éste trabaja, sino la apropiación de su propia fuerza productiva general, su comprensión de la naturaleza y su dominio de la misma gracias a su existencia como cuerpo social; en una palabra el desarrollo del individuo social […] el desarrollo de capital fixe revela hasta qué punto el conocimiento o knowledge social general se ha convertido en fuerza productiva inmediata, y, por lo tanto, hasta qué punto las condiciones del proceso de la vida social misma han entrado bajo los controles del general intellect y remodeladas conforme al mismo.” En el capitalismo posmoderno ocurre, como continum de los procesos de subsunción formal y real del trabajo inmediato que consolidan al capital, una subsunción real del trabajo general, el cuál surge con la separación consumada entre trabajo manual y trabajo intelectual. Ambos son trabajo productivo. Productividad de la “producción intelectual”.

VII

Asistimos, a una de las más horribles y sofisticadas formas de enajenación, la cual es curiosamente introyectada y reproducida por el individuo como una necesidad y satisfacción propias. La totalización, la fascistización pluralista (oxímoron) que permea todos los lugares, todos los espacios. Sus efectos son la destrucción de la vida privada y el mundo de la vida; el desprecio del individuo por la paciencia, por lo contemplativo, y en el que se vuelve incapaz de tomarse el tiempo para perderlo porque “el tiempo es oro” y sería perverso desperdiciarlo; es incapaz de abstraerse del mundo maquínico para escuchar el silencio; incapaz del rechazo a lo tosco-amorfo-homogéneo porque eso significa romper la (in)seguridad. Miedo.

La auto-sujeción, que tiene como sustrato al mercado como dispositivo que interrelaciona las individuos en competencia, apaciguando así su natural salvajismo y haciendo prescindir del soberano para cumplir con la misma función, inauguran una esclavitud posmoderna.
Que ¿esclavos de qué? ¿Del dinero-riqueza, del poder, de la imagen, de la apariencia, de nosotros mismos? De todo y de sí mismo. De sí mismo como dispositivo metabólico que, fetichizadamente, actúa como dinamizador del mercado.

Y qué ha hecho que la modernidad como promesa de liberar al individuo del mito, de dios, de lo metafísico, de lo irracional, de la naturaleza enseñoreada, haya desviado de su telos. Cómo creó, en parte, individuos que progresivamente pervierten la direccionalidad de sí mismos y del curso histórico, que estaba basada en la disminución de la escasez y la felicidad secularizadas, no obstante que siguen creyendo marchar por la senda adecuada y racional, benigna y satisfactoria. ¿Qué color de pastilla se tomó? ¿Qué microchip se le incrustó? De vuelta Weber: el ethos protestante.

VIII

El panorama: individuos salvajes que sólo pugnan por su autoconservación. Individualidad reducida por la universalización del soberano en el cual se fundamenta el sometimiento, racionalmente elegido. La reducción que opera es la abstracción de lo múltiple humano al miedo.

La elección que presupone responsabilidad estaría significando la reproducción en cada momento de la cotidianeidad de las mercancías. El proceso de autoconservación sería no sólo del individuo sino también del capital, necesitando así la racionalización y una disciplina del cuerpo (Foucault) ad-hoc a la división del trabajo.

La exigencia de productividad le viene por dos frentes: tanto por la prescripción normativa del ethos asumido, como por la presión y auto-sometimiento al que se sujeta en tanto que se vuelve prescindible estructuralmente, en tanto que trabajador abstracto. No es un trabajador concreto al que se le valore el trabajo en su carácter cualitativo, porque detrás tiene a todo el ejército de reserva que aspira y compite para ocupar su lugar.

El ethos protestante en la posmodernidad entra en contradicción con sus mismos principios ya que en el plano normativo se prescribe responsabilidad, productividad, eficiencia y atesoramiento, pero en el plano práctico el mercado lo somete a un consumo desmedido, no sólo de cosas sino de cultura y formas de vida cosificadas.

En la postmodernidad la guerra de todos contra todos se redirige en la violencia hacía sí mismo. La violencia sistémica no sólo es direccionada a los sin-parte. También los integrados al sistema la padecen y auto-infligen. Miedo como corolario de la violencia. Miedo a sí mismo. Miedo al otro. Miedo a lo diferente, a que sea diferente: a dejar de ser lo que se es; a dejar de perpetrar el status quo; a reventar el sentido común.

Lo que ello implica es un compromiso que subvierta la seguridad, para obtener lo nuevo, pero antes que con lo Otro es un compromiso consigo mismo: la reinserción y recuperación de la espacialidad. Una nueva cartografía que tenga como condición el reparto de lo sensible (entendido como la identificación de un común sensible que se ofrece, y en el cual se puede ser participe en tanto que se tiene lugar en tal reparto. “Es un reparto de tiempos, de espacios y de formas de actividad… hace ver quién puede tener parte en lo común en función de lo que hace, del tiempo y el espacio en los cuales esta actividad se ejerce.” Ranciere.). Que tenga como lugar el espacio del conocer, del pensar y del sentir individual-privado; en los micro-espacios, sin descuidar, por supuesto, los espacios comunes, la espacialidad desde dónde ejercer micro y macro-política. Subvertir el orden lógico-histórico impidiendo que la recuperación del espacio sea ocupado por la violencia espontánea. Ya es tiempo.

IX

Junto al fin de la historia y al fin de lo político se unifica el fin de las ideologías, que deviene así, sin utopía ya valida y posible: la razón cínica de Sloterdijk. Esa falsa conciencia ilustrada que bajo la racionalización entendida aquí como omni-comprensión que elimina los residuos “irracionales” y “bárbaros” de casi todo en la posmodernidad, es justificada como elección con conciencia de estar actuando sin principios, sin condiciones normativas de la acción, sin ejes valóricos, sin deber ser. Donde la otredad (naturaleza) esta subsumida por completo y las explicaciones psicoanalíticas dejan ya poco espacio a lo “irracional” como incomprensible. Al eliminar la situación (estructural), la contextualización, se atribuye al sujeto un ego aislado al cual su conciencia le dirige al arsenal de mercancías frente a lo cual toma decisiones “racionales”, haciéndose comprensible (la Verstehen diltheyana se actualiza) por el mayor número de individuos. Frente a lo des-historizado, lo descontextualizado, lo des-situado toda elección racional es “comprensible”.

Es una razón cínica que consume no sólo lo que produce el mercado sino el mercado como concepto mismo. La cosificación mercantil vuelta imágenes de consumo en que se convierten las subjetividades, las sensibilidades, las solidaridades, las conciencias, todo ello en el vórtice de igualdades y libertades. Todo eso que el arcoíris del mercado con toda su gama de grises ofrece. La imagen es ya el producto que se consume. Se oscurece el referente. No se sabe qué es ni dónde está.

La estructura de sentimientos (Raymond Williams) reconfigurada en la posmodernidad. Se percibe el espacio y el tiempo de forma distinta. Se deslocaliza la distancia necesaria para colocarse frente al mundo, arrollado por la vertiginosidad del tiempo. La distancia “crítica” como peculiaridad disruptiva, ha sido desaparecida. Es en la compresión del espacio y la dilatación del tiempo como síntoma del actual estado de cosas, donde el individuo copado por la totalización posmoderna mercantilizada, pierde el sentido de espacialidad que lo podía situar en determinada distancia, semiautónoma, para negar, cuestionar, subvertir, invertir o proyectar (transformada) la inmediatez sensible.

X

Se pierde de vista el movimiento, “el movimiento auténtico, el movimiento propio de los cuerpos comunitarios” (Ranciere).

Javier Gómez Monroy

Entrevistas Radar

El estudio de caso de Radar se ha nutrido de los testimonios de las siguientes personas:

José Wolffer (http://www.lideresmexicanos.com/2010/03/jose-wolffer-hernandez-director-del-festival-de-mexico-fmx)

Rogelio Sosa (http://www.caustica.net)

Andrés Solís (http://www.radar.org.mx)

Manuel Rocha (http://www.artesonoro.net/ManuelRochaIturbide.html)

Manrico Montero (http://manricomontero.com)

Julio Clavijo (http://www.myspace.com/julioclavijo)

Iván Naranjo (http://www.myspace.com/ivannaranjo)

Oscar Adad (http://voodoonoise.wordpress.com)

Eric Namour (http://elnicho.org)

Fernando Vigueras (http://www.myspace.com/fernandovigueras)

Antonio Domínguez (http://betabelle.org)

Maria Lipkau (http://www.myspace.com/laorquestasilenciosa)

Dyan Pritamo (http://www.arthurhenryfork.org)

3.7.10

Violencia en el Aire

En Mujeres soñaron caballos de Daniel Veronese, Lucera es un personaje tímido, inofensivo y aparentemente incapaz de siquiera tocar un arma. Sin embargo, a las 8:05pm decide matar a toda su familia extendida con una pistola, incluyendo a su esposo. En ese momento ella se atreve a ejercer la violencia sin sentido a la cual siente que ha estado sometida toda su vida. El guión de esta obra de teatro concluye con una reflexión que hace este personaje y que sintetiza cabalmente el estado actual de las cosas: "Hay un nuevo tipo de violencia en el aire. Lo veo. Lo siento dentro de mí y dentro de mucha gente..."
Hoy el escepticismo y la indiferencia que imperan en nuestra sociedad frente a lo político tiene ecos de lo que algunos estudiosos han llamado "el fin de la política". Pero, ¿a qué se refieren con esto? Si México basa su orden social en principios institucionales claramente políticos como lo son las elecciones, los partidos políticos, la división de los tres poderes de la república y el respeto a la voluntad de la mayoría y de las minorías, ¿por qué plantear el fin de la política?

Uno de los representantes de esta escuela de pensamiento, Jacques Rancière, nos propone repensar lo politico ya no como una esencia unitaria en la que se disocia el pensamiento de lo político del pensamiento de poder, sino como una esencia indeterminada en la que las divisiones y diferencias internas no cesan de trabajar, de orientarse y de alterarse por las prácticas sociales. Así, el verdadero sujeto político se constituye cuando su participación toma la forma de contrapoder en un orden establecido.

De acuerdo con estos pensadores, la paradoja principal de las democracias modernas es que a través de la idea del “consenso” éstas han logrado separar la idea del contrapoder de la idea de lo político. Así, el sujeto político en la democracia consensual, se constituye a partir de su relación positiva respecto al orden establecido, en nuestro caso la de elegir a nuestros representantes que buscarán hacer valer nuestros derechos como individuos. Cuando hablan de una Democracia fundamentada en el consenso, se refieren a un acuerdo general que existe sobre el orden de desigualdad que se cree más apropiado para garantizar a los menos desfavorecidos una parte suficiente de poder y bienestar, y que permite perpetuar este orden aparentemente democrático. Así, repensar lo político implicaría ir más allá de la igualdad aritmética y de la adición unificada de los deseos de los individuos.

Rancière toma como eje central de su argumento la participación y propone que la política existe en tanto se pueda concebir como un espacio en el que el sujeto político democrático pueda alterar el orden establecido. Partiendo de una visión crítica de las tesis que anunció Fukuyama en su famoso libro "El fin de la historia", Rancière nos explica que en este momento se han abandonado por completo las ilusiones vinculadas al poder y a la representación en cuanto programa de liberación y promesa de felicidad para los sujetos políticos. En general, la protesta política ha pasado a un segundo plano en las prácticas ciudadanas. Sólo algunos pocos, quizá los más desfavorecidos son los que continúan participando de esta forma claramente con la ilusión de constituirse como un contrapoder. Se podría decir entonces que gran parte de la población ha relegado la participación ciudadana por el imperium de una idea y de un telos de un gobierno (seguridad nacional, guerra antidrogas) ya sea como reflejo de sujeción o de miedo, o por qué no decirlo, de ambos.

Algunos teóricos ubican los fundamentos de la sujeción política moderna en la raíz del pensamiento anglosajón de Hobbes. Este teórico del Estado trata de reducir todas las individualidades a una base motivacional universalmente natural y suficientemente estable para asegurar un sólo poder soberano capaz de garantizar la sumisión general y homogénea: el Leviatán. Así, la teoría del Leviatán se basa en la suposición de que todos los individuos están obsesionados por un inextinguible deseo de autoconservación y, que a la vista de esta amenaza, manifiesta o latente, de destrucción, se debe buscar el fundamento universal del sometimiento como cuidado racional de uno mismo: el Estado, pero no cualquier forma de Estado. El Estado que propone Hobbes es un Estado policial en el que el miedo de los individuos es el motor fundamental que legitima todas sus acciones.

El Estado moderno policial es un eco de los postulados filosóficos de Hobbes, pero también de Schmitt y Robespierre. El miedo como razón de ser del Estado, reproduce fuertes principios orientados al orden y al consenso que evidencian que la capacidad de amenazar, complementada con la aptitud de ponerla en práctica, es la auténtica razón de su existencia práctica. Esta reducción del comportamiento humano a un último movimiento, el miedo, pone en marcha una serie de consecuencias epocales. Unos de los más claros, a mi parecer, son las concepciones modernas de igualdad y tolerancia, así como la naturaleza policial de la política y del Estado moderno. Me refiero al concepto de igualdad que promueve y reproduce el desprecio desmesurado al desarrollo de la masa y de los "sin-parte" como sujetos políticos (ver Rancère, ¿Sociedad Igual?).

La tolerancia entendida como una práctica política que contribuye a sostener un orden que perpetúa el sistema injusto que rige en el mundo así como los fuertes principios orientados al orden y al consenso. Me refiero al liberalismo tolerante como aquél sistema en el que las demandas de reconocimiento son atendidas sólo en apariencia por el Estado con la intención de aunar y homogeneizar a todo el género humano como si las distinciones entre los individuos fueran una mera desviación de la norma. Así, las políticas "identitarias" contemporáneas parecen dar a diferentes grupos (homosexuales, feministas, trabajadores, migrantes) soluciones inmediatas, cuando en realidad los subsumen en un conjunto de entes en apariencia satisfechos, cuyo lugar —inamovible— en el tejido social está sólidamente establecido en tanto que contribuyen al desarrollo de este sistema.

Vivimos un momento en el que el ejercicio político se ha volcado por entero al presente eliminando todo lo que no está dirigido a la maximización de posibilidades de éxito del individuo-en conjunto (ya no de la comunidad en general), para así entrar a una temporalidad homogénea, una temporalidad aligerada del pasado y del futuro a la cual le corresponde un espacio liberado de discusión. Sí, ese es el espacio (a)político llamado centro.

Alguna vez leí que al no tomar partido en algo, se está tomando partido. Al no tomar partido se practica una negación de violencia sistémica y subjetiva que se produce y reproduce hacia los individuos excluidos, aquellos que crecientemente se consideran como sobrantes y desechables: desde los vagabundos hasta los inmigrantes o los desempleados. Esa violencia sistémica basa buena parte de su potencial en el miedo a la diferencia, lo cual conduce a la sociedad hacia un callejón sin salida, en el que nos convertimos en seres apáticos, incapaces de movilizarnos por nada ni de asumir compromisos duraderos.

Las políticas actuales proclaman el respeto a la alteridad, pero fomentan de forma solapada la intolerancia ante la ocupación de los espacios. En un espacio social en el que se excluye a determinadas clases (razas, personas, estamentos), las personas se encuentran "privadas de mundo" y en esta situación, la violencia contemporánea se explica como un fin en sí mismo es decir, es a través de la violencia sin sentido que se intenta recuperar el espacio perdido. En la defensa a la intoleracia, Zizek conlcuye que esta violencia sin sentido se torna hoy en la única manifestación real de protesta que queda.

Andrea Ancira

5.6.10

Algunos

Algunos de los involucrados en la parte de la investigación centrada en inSite, proyecto binacional.

  • Marcos Ramírez ERRE: http://marcosramirezerre.com/
  • Torolab: http://www.torolab.org/
  • Bulbo: http://www.bulbo.tv/
  • InSite: http://www.kunstaspekte.de/index.php?tid=4910&action=termin
  • Tobias Ostrander (Eco): http://www.eleco.unam.mx/sitio/
  • José Manuel Valenzuela
  • Luis Herrera Lasso: http://biblioteca.cide.edu/panorama2006.htm
  • Guadalupe González
  • Mark Quint: http://quintgallery.com/bipage/java
Son algunos, nada más.

31.5.10

Cuerpo y Ciudad

Los siguientes son breves bocetos escritos para alguna clase. No sé si gocen calidad, pero sí reflejan mi continuo interés por pensar en la ciudad.

1. Anton vivía lejano en el estado de Texas. Su padre había sufrido de un derrame cerebral y el abandono de sus hijos, despatriados, conllevaba al de sus sentidos. Él desaparecía en México mientras su linaje se azotaba al enfrentamiento de nuevas realidades. En Texas hablaban inglés.
Era un primer día de clases temible, nervioso, como cualquiera en la primaria. Anton, niño, se encontraba tan confundido como quizá su padre. Hablaban inglés; tendría que superar el reto, pararse ahí frente de todos, tan distintos, soportar el golpe de la novedad. Perdió toda estabilidad en un instante.
La maestra le preguntó algo sobre un gato, cat en aquel idioma indescifrable. Al verse obligado a responder, a dar el primer paso de la comunicación, Anton ensordeció de repente. No pudo escuchar nada de ahí en adelante, por días.
En el hospital dijeron que su oído se encontraba en condiciones perfectas.

2. María hablaba de una conocida suya. Esta disfrutaba de hacerse varios cortes en la piel con navajas delgadas, en lugares protegidos de riesgo pero ricos en flujo sanguíneo. En lo general, era una muchacha normal.
Pocos años después tuve la oportunidad de conocerle. Era una mujer simpática, si bien algo distraída y de humores incontrolables, que había venido a visitar a María. No pude dejar de pensar en aquella historia, descripción quizá que no veía marcada en ninguno de sus brazos. Me armé de valor y tomé la decisión de preguntarle:
- ¿Por qué te cortas? – le pregunté, de una manera un tanto descuidada.
- Me hace sentir viva, me recuerda que estoy aquí parada.

3. Algunas personas no pueden decidir sobre su cuerpo. Cada seis segundos un niño muere de hambre (uno, dos… habrán muerto unos cinco cuando este párrafo deje de leerse, niños), o más bien, un cuerpo deformado por los estragos de la alimentación deja de funcionar. Hay que tomarlo así. Como un número frío, como estadística.
Es interesante observar cómo nuestra relación con el cuerpo, cuando controlada y negativa (como en los casos citados con anterioridad), pero controlada a fin de cuentas, adquiere particularidad y atención: la figura de una sola modelo en los huesos impacta de igual manera que la cifra dada al inicio del texto. Quizá impacte más. Pareciera que la pregunta importante es: ¿cómo pudo hacerse eso?
El suicidio, por ejemplo, se considera uno de los temas más parcos y horrendos en relación a la muerte. La decisión consciente sobre el cuerpo, la decisión de dejarlo a un lado, se considera una aberración. Como, para muchos, el aborto. La anorexia, la sexualidad activa sin control, la bulimia, la autoflagelación, las cirugías plásticas, la vanidad, fumar, comerse las uñas o un millón de hamburguesas. La norma social indica que el descuidado del cuerpo (y cualquier actividad parece negligente) se castiga siempre y cuando no sea víctima de alguna otra maquinación social como, por ejemplo, los sistemas económicos, las guerras, la violencia intrafamiliar. Esas muertes, infecciones dolosas que nos atacan todos los órganos, son estadísticas, números fríos.
En esta era de lo individual, lo individual pareciera ser la manera en la que nos relacionamos personalmente con nuestro propio cuerpo.

4. Alguna vez escuché que David Bowie había escrito una canción hímnica y romántica después de ver a una pareja de novios besarse del lado oriental del muro de Berlín. La canción lleva “Héroes” por título y los retrata de esta manera. Es una canción que presenta un sabor un tanto exagerado para lo que representa; sin embargo, es justamente la relación entre corporalidad, sensación y ciudad (polis, pues) la que justifica semejante rimbombancia.
La ciudad, como sistema, termina por ordenar el cuerpo de sus habitantes. Un régimen determinado produce limitantes de una u otra naturaleza, y el comportamiento sexual de las personas en mucho se determina por estos factores. Para el compositor inglés, asentado en esa enorme construcción social que es el star system occidental y de democracias liberales, un acto de expresión corpórea como es el besar a alguien adquiere dimensiones “heroicas” por suceder en una ciudad distinta a la suya. Existe un juicio de valor (darle esa cualidad a un acto tan normal y amoroso) porque se asume, en automático, que lo primero y más básico de lo reprimido en un sistema autoritario es el cuerpo y sus acciones.
Si Bowie hubiera visto una escena similar a las afueras de su casa no hubiera dado tanta importancia al evento. Lo importante para él era el contexto que lo rodeaba, acentuando la naturaleza social e imaginaria colectiva de cómo es que el cuerpo se construye de sociedad en sociedad. “Heroicas” nunca serán las parejas de un matrimonio arreglado, como tampoco lo será una aburrida pareja de viejillos ingleses.
Bowie está casado con una supermodelo somalí.

5. Si el cuerpo humano a veces sucede como una extensión del cuerpo social, es importante entender que la sociedad misma a veces responde como una extensión del cuerpo de sus habitantes.
¿Por qué en México lo ilegal de la pornografía, la interrupción del embarazo (van diecisiete), el suicidio y en Arabia Saudí lo ilegal de la sodomía? ¿Por qué lo legal de las drogas en Londres y en Ámsterdam, lo legal de las publicaciones eróticas danesas, lo legal del matrimonio homosexual en Iowa y Vermont? ¿Por qué en México los sindicatos, la corrupción y el narcotráfico?
Un conocido holandés daba una respuesta maravillosa. A la pregunta: ¿Preferencia sexual?, siempre respondía: Soy holandés.
Toda institución, constructo social, refleja nuestras debilidades individuales. El juego es legal en las Vegas porque un agregado de sus cuerpos lo permite. En Salt Lake City, capital mundial de los Mormones, la idea de lo puritano se encierra en la posibilidad de la poligamia. Pues, en lo sexual. Pues, en el cuerpo.
No podemos entender a la ciudad sin entender la esencia de su población. El reflejo de cómo es que deciden y manejan sobre su cuerpo. Decía Goethe que siempre de lo particular surgía lo universal. Luis González explicó al mundo desde San José de Gracia, comiéndose muy ricos quesos y disfrutando él a sus mujeres.
Como un viejo y atinado espejo de su tiempo.

6. El cuerpo humano es la temperatura con la que medimos nuestros miedos y nuestras acciones en lo particular, así como nos permite pensar en todo el lugar que nos rodea. Las reacciones del cuerpo son las reacciones de todo lo humano:
Hace un par de años atropellaron a mi madre afuera de mi casa. Cuando llegué a su rescate, la imagen era espantosa: se encontraba sangrada entera pero, sobre todo, lejana de aquella comunión que genera la mente y el cuerpo. Balbuceaba, decía incoherencias. Nunca entendí si podía reconocerme. No podía enterarme de su estado físico y, por tanto, sus posibilidades de supervivencia. Ella no podía socializar, el cuerpo la había dejado.
Ahora sobrevive y sobrevive como cualquiera de nosotros. Sin embargo, me dejó el profundo impacto de que es el estado del cuerpo, de nuestro propio cuerpo, lo que permite identificarnos e identificar todo lo humano.

Fernando Delmar Huerta