Cultural Pública es un colectivo de investigación interdisciplinaria que pretende explorar la relación entre Arte, Cultura y Sociedad

17.7.10

ALTERIDAD–PARTICIPACIÓN: EL BINOMIO INDISPENSABLE PARA CONSTRUIR UNA CULTURA DE PAZ

INTRODUCCIÓN

La presentación de esta ponencia tiene como propósito compartir una experiencia concreta que se viene gestando en una institución escolar. Tal experiencia viene habilitando a todos los actores de la comunidad a encontrarse y reencontrarse a partir de uno de los motivos que más convoca: la construcción de conocimientos y saberes. Sin lugar a dudas, la escuela ha tenido como misión fundamental a lo largo de la historia la endoculturación de las nuevas generaciones. El antropólogo Marvin Harris, en su obra “Introducción a la Antropología General” del año 2000, define este proceso como:
“ Una experiencia de aprendizaje parcialmente consciente y parcialmente inconsciente a través de la cual la generación de más edad invita, induce y obliga a la generación más joven a adoptar los modos de pensar y comportarse tradicionales.”
Sin embargo, tal proceso encierra un riesgo que amerita ser analizado desde una perspectiva específica y compleja cuando se articula con el proyecto tradicional y fundador de la institución que se denomina “Escuela”. El riesgo estriba en continuar reproduciendo un gran cúmulo de prácticas cotidianas que operan como verdaderos “habitus”, es decir, que se naturalizan, no se interpelan, volviéndose así rutinarias. Es común que, en estrecha relación con los procesos de endoculturación, la institución escolar sea el ámbito más propicio para continuar generando prácticas que se articulen con la adquisición de conocimientos y saberes básicos: leer, escribir, calcular, los cuales si bien son esenciales, no deben ser los únicos. De esta manera, las instituciones educativas han sido obedientes receptoras de los requerimientos culturales del mundo capitalista. Han premiado el individualismo, la excelencia, la competencia, propiciando sostenidamente el repliegue de los sujetos a los imperativos de instituciones que éstos viven como cada vez más ajenas.
Como alternativa a lo hasta aquí expuesto, se intentará defender como tesis central la necesidad imperiosa de repensar las instituciones educativas para que verdaderamente logren cumplir con tan compleja y esencial misión, pero teniendo como objetivo central el rescate de la persona, y por lo tanto, de su identidad, por constituir ésta un derecho inalienable, y aquél un deber esencial de la escuela.
Edgar Morin, en su obra “La cabeza bien puesta” del año 1999, define el concepto de identidad en estrecha relación con la noción de sujeto. Según este autor, la primera definición de sujeto sería el egocentrismo, siendo el “yo” el acto de ocupación de un sitio que se vuelve centro del mundo. La identidad del sujeto conlleva un principio de distinción, de diferenciación y de reunificación. Sin embargo, tal construcción no sería viable sin lo que este teórico denomina como principio de inclusión, el cual supone la comunicación entre personas. Identidad y alteridad conforman una dialéctica, sin la cual el “yo” es impensable.
En el siguiente apartado se continuará incursionando en estos conceptos, ya que la vivencia de la alteridad, de la diversidad y de la participación permite forjar las bases de una cultura de paz.

DEL ORDEN DEL DISCURSO A LA CONSTRUCCIÓN DE PRÁCTICAS CONCRETAS
Sin lugar a dudas, el pasaje del discurso a los hechos se encuentra, en general, cargado de incertidumbre, desencuentros e, inclusive, hasta de oposiciones, lo cual amerita cuestionarse acerca de lo que se nos presenta como “natural”. Autores como Bourdieu y Wacquant, en su obra “Respuestas. Por una Antropología reflexiva”, del año 1995, nos advierten sobre esto, afirmando:
“En virtud de que nacimos dentro de un mundo social, aceptamos algunos postulados y axiomas, los cuales no se cuestionan y no requieren ser inculcados… De todas las formas de persuasión clandestina, la más implacable es la ejercida, simplemente, por el orden de las cosas”
Este apartado intentará propiciar el análisis de estos aspectos: “orden”, “rutinas”, “rituales”, “matrices”, “patrones”. Sin lugar a dudas, estos conceptos ingresan explícita o implícitamente en los contratos didácticos escolares, impregnando no solamente las prácticas de enseñanza, sino también los particulares modos de organización e interacción social que, en los hechos, son “enseñados” o “retroalimentados” en estas instituciones.
Por lo expuesto, se hará indispensable propiciar múltiples instancias de encuentro y reflexión que permitan poner en evidencia aspectos fundamentales que subyacen en los distintos niveles de concreción de las prácticas institucionales. No resultaría novedoso afirmar que los modelos teóricos que se explicitan no siempre se hallan presentes, de hecho, en las prácticas diarias de todos los que integran una institución educativa. Este aspecto es clave, puesto que la construcción paulatina y consensuada de una identidad escolar constituye una producción compleja que amerita, desde el comienzo, analizar y problematizar algunas categorías como las que se enumeran a continuación a modo de ejemplo:
Espacio Institucional: características y estrategias de uso. La reflexión sobre este aspecto podría dar cuenta o bien de “estereotipias” o, en las antípodas, de un uso funcional, creativo y democrático. La utilización del espacio nunca es azarosa, sino que, por el contrario, es un fiel reflejo de las múltiples ideologías de los actores que conforman la institución. Pensemos si en las escuelas y otros centros educativos se “garantizan” los espacios “públicos”, es decir, aquellos “lugares” de verdadero encuentro. Los “halls” y los pasillos son simples lugares de “intersección”, de tránsito, que solamente habilitan intercambios fugaces, pero nunca de verdadera comunicación.

Ideología: volviendo a este aspecto, existen verdaderos rituales relacionados con la enseñanza y el aprendizaje que se instituyen tanto fuera como dentro del aula. Los mismos tienen su anclaje tanto en las matrices de aprendizaje como de enseñanza de docentes, alumnos, padres y estudiantes. Cabe recordar que el concepto de “matriz de aprendizaje” fue expuesto por la teórica Ana de Quiroga, quien la definió, en su obra “Matrices de aprendizaje” editada en el año 1996, como “la organización personal y social que se construye en procesos de interacción y aprendizaje, es decir, en procesos comunicacionales”.

Organización Social -Interacciones Sociales: en este orden se tratarían de analizar los entramados vinculares entre todos los que integran el centro escolar. En el contexto de este abordaje específico, sería más que pertinente repensar estrategias y configuraciones didácticas que propicien la relación dialéctica persona-grupo.

Rituales: éstos requieren especial atención, ante todo cuando lo que se intenta ir gestando es un sostenido cambio cultural. Los conceptos de “orden” y “control” suelen impregnar tanto las prácticas como las relaciones educativas. La simplificación de lo complejo, el ocultamiento del conflicto, las prácticas discursivas homogeneizadoras, entre otros ejemplos, se articulan y retroalimentan con los rituales que se dan cita diariamente en las escuelas.



LA TEORÍA TRADUCIDA EN LA PRÁCTICA: HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA DIDÁCTICA QUE PROPICIE EL TRATAMIENTODEMOCRÁTICO DE LOS SABERES

Uno de los aspectos actualmente objeto de discusión consiste en la construcción de acuerdos pedagógico-didácticos que permitan sustentar praxis concretas, las cuales estén orientadas en función de ciertas premisas básicas, a saber:

-Un concepto de educación que promueva la formación de la identidad personal

-Propuestas didácticas abiertas y flexibles, entendiendo por éstas las que parten de las necesidades educativas y de aprendizaje específicas de los alumnos. Esto conlleva buscar con los niños lugares simbólicos donde cada uno de ellos pueda sentirse identificado

-La promoción de la apropiación por parte de los sujetos de logros y saberes

-Una concepción de “escuela” como comunidad en la que circulen conocimientos y saberes reeditados en los múltiples contextos grupales

-Una forma dinámica de concebir la “cultura”, apelando a su reconstrucción y recreación a partir de la interpretación y negociación constante de quienes la integran

-Un concepto de “enseñanza” que revalorice el lugar que ocupa el “cuerpo” en los procesos síquicos

-Procesos de reflexión y análisis que permitan a todos los actores de la comunidad educativa replantearse, desde distintos lugares, el papel que desempeñan la ideología y la división y lucha de clases en la elección de alternativas en el contexto institucional

-La construcción paulatina de prácticas que posibiliten el tratamiento democrático del conocimiento, es decir, no tomando éste como un acto de fe, sino como un sistema de significación que permita a todos los sujetos redescubrir el mundo y apropiarse de él


ESTRATEGIAS CONCRETAS DE TRABAJO PRESENTES EN LA AGENDA DEL PRÓXIMO AÑO 2010

De acuerdo con las perspectivas ya analizadas, se plantea actualmente en el contexto de la comunidad qué papel habrá de cumplir la institución escolar, tanto en el momento presente como en el futuro. Las distintas instancias de consulta han permitido detectar un denominador común: es imperativa la transformación de la escuela, y con ésta, el establecimiento de nuevas relaciones que la vinculen más estrechamente con la realidad social que hoy nos toca vivir. Para lograr esta gran meta, se hará indispensable:
Un cambio en los valores y actitudes que tradicionalmente han primado

Una escuela verdaderamente enmarcada en la realidad histórica, social, cultural, étnica y lingüística, que participe en ella y que promueva -en una suerte de dialéctica-por un lado, su conservación, aunque también los cambios necesarios

Una escuela pensada por todos y para todos, enriquecida a instancias de la vivencia de prácticas de ciudadanía

Una escuela gestionada por todos que facilite la acción y el compromiso de los colectivos que conforman la comunidad educativa

Una escuela que entienda la educación como servicio público, pero también –y fundamentalmente-como un derecho no solamente de carácter político, sino esencialmente social y cultural


Por último, compete, como cierre de esta ponencia, presentar el borrador del plan de acciones sobre el cual se está trabajando. Este documento preliminar consta de diez puntos básicos:
1. Defensa y revalorización de los espacios de participación ya conquistados por los docentes. En este sentido, cabe destacar las ATD y las Salas de Reflexión, objeto estas últimas de discusión por parte de amplios sectores del Magisterio nacional

2. Creación a nivel institucional de instancias de participación relacionadas directamente con los procesos de decisión del propio centro: reuniones quincenales de carácter general para conocer problemas, conflictos, avances, prácticas exitosas, entre otros; reuniones por nivel, planificación de ateneos didácticos como instancias de discusión de problemas concretos derivados de las prácticas de enseñanza; planificación de cátedras abiertas como medio de recibir asesoramiento disciplinar, actualmente indispensable ante la aplicación de una nueva propuesta curricular. Se considera que estos espacios oficiarían de garantes de la libertad de cátedra y de la recuperación paulatina de la autonomía técnico-académica del cuerpo docente

3. Tiempos y espacios abiertos a la totalidad de la comunidad educativa como fruto del consenso de todos sus participantes. Tal consenso requerirá conocimiento previo y respeto tanto de la normativa vigente como de las pautas de organización y metas establecidas por todos los actores del centro escolar.

4. Tiempos y espacios destinados al trabajo en redes

5. Inclusión del centro en el “Programa de Escuelas Disfrutables”, con el cual se coordinan acciones para brindar apoyo a familias en riesgo social

6. Organización de exposiciones, clases abiertas, muestras, presentaciones y actividades: estas propuestas lograrán “romper” las rutinas escolares y fomentar la apertura de la institución a la comunidad en general

7. Creación de espacios organizados, como paneles y diario escolar, para que los distintos actores propongan, expresen ideas e impriman una renovada dinámica en el centro educativo

8. Realización de actividades en todo el espacio escolar disponible, y aun más allá de éste, teniendo las mismas por meta conjugar las propuestas de enseñanza con habilidades de utilidad social

9. Reconfiguración de los espacios existentes: se prevé a partir del mes de setiembre la puesta en marcha de proyectos de recreación planificados por docentes, alumnos, padres y otros actores de la comunidad. Los mismos implicarán diseñar juegos en el patio central, para cuya concreción se solicitará la colaboración de la plaza de deportes de la zona, del club deportivo Marne y de los comercios aledaños

10. Elaboración de un futuro proyecto que tendrá por meta principal la co-gestión del centro escolar a partir de la participación de maestros, alumnos, ex-alumnos, padres y vecinos. Se discute actualmente la implementación de delegados por clase que sesionarían quincenalmente para realizar propuestas, opinar y tomar decisiones. A los alumnos delegados se les sumarían maestros y padres representantes de cada una de las clases. Los docentes asumirían un papel protagónico en la promoción de estos procesos


En síntesis, se está gestando -de manera gradual pero sostenida-este futuro proyecto institucional, el cual integrará los distintos colectivos sociales, con la finalidad de conquistar mayor autonomía y promover no únicamente la expresión, sino la concreción de propuestas que den cuenta de las expectativas existentes en toda comunidad.
Continuamos, pues, bregando por el logro de una verdadera comunicación, sólo posible a partir del encuentro con los otros, es decir, de la vivencia de la alteridad como condición indispensable en la reconstrucción de una identidad escolar alternativa, a fin de que todos los actores involucrados se encuentren representados. Una identidad construida a instancias de la circulación de saberes inscritos en prácticas participativas, donde las estrategias de enseñanza sean seleccionadas teniendo en cuenta criterios y necesidades sociales que legitimen su incorporación.

BIBLIOGRAFÍA
BOURDIEU, Pierre; WACQUANT, Loïc (1995): “Respuestas. Por una antropología reflexiva”; México; Grijalbo
HARRIS, Marvin (2000): “Introducción a la Antropología general”; Madrid; Alianza Editorial
QUIROGA, Ana P. de (1996): “Matrices de aprendizaje”; Buenos Aires; Ed. Cinco
MORIN, Edgar (1999): “La cabeza bien puesta”; Buenos Aires; Nueva Visión.

Mtra. Laura Arce

4.7.10

TIEMPO QUE AL PERDERLO NO SE PIERDA ORO. (MESETA A 10 INTENSIDADES).

Pobres, lo que se dice pobres,
son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar,
como las alas de las gallinas que se han olvidado de volar.
(Eduardo Galeano, “Pobrezas”)

I

En algún día de septiembre, al inicio de sus diálogos, por alguna razón contingente, él arguyó: “el tiempo es oro”, a lo que ella respondió: “no, el tiempo es tiempo”; él, replicó, con una duda: “¿tú crees?”. No se dijo más. Quizá no esté ya en su memoria.

Situándonos en el kairós, en proyección hacia el pasado, se puede pensar que los dos se equivocaban. El tiempo ni es oro, ni tiempo en sí. O, como afirma Karl en los Grundrisse: todo valor termina siendo una cuestión de tiempo. El valor es tiempo: quantum; abstracción, homogeneización, serialidad, repetición, desgaste. Pero también, y antes, es valor de uso: lo cualitativo; es concreto, singular, diferente; es un bien; es placer. Si es placer entonces también es displacer, para ponernos freudianos. Placer como valor de uso; valor como displacer (principio de muerte): tánatos. El valor es tiempo; tiempo de trabajo (enajenado): ora desgaste, ora cansancio, ora morti-ficación: Nunca se le ve, en cuanto abstracto, es invisible, espectral, especular, terrorífico, intangible, como la muerte: es tanático.

El tiempo es valor de uso: tiempo para el uso de sí mismo, tiempo para el uso de los otros, tiempo para el uso de sí mismo con los otros, tiempo para él, tiempo para ella, tiempo para el cuerpo, tiempo para sentir, tiempo para desear, tiempo para el placer, tiempo para amar, tiempo para la fruición, tiempo para el ocio, tiempo para pensar, tiempo para conocer, tiempo para imaginar, tiempo para el silencio, tiempo para la serendipia, tiempo para vivir, tiempo para el momento, tiempo para el detalle, tiempo para lo espontáneo, tiempo para el azar, tiempo para la necesidad, tiempo para la libertad; tiempo para el concreto que siempre es complejo, rico, sintético y múltiple, o como bellamente lo diría Marx: “lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso”.

Lo concreto que es múltiple y complejo porque implica lo general, lo particular y lo individual. Lo individual que es sujeto, individuo, humano, que es la vida, ese “movimiento creador de diferencias, el dominio de la razón” (Lefebvre). La reproducción vital del ser humano como valor de uso inicial.

II

La violencia que está en el aire tampoco se ve, como el valor, parece intangible. Aún. Da visos. Aparece. Se expresa intermitente. Que así siga. Aunque late a jornada completa. Está a punto. Retorno de lo reprimido. Momento liminar. Miedo. Crisis psico(pato)lógica-->Crisis subjetiva-->Crisis valórica-->Crisis moral-->Crisis civilizatoria.

III

Aquí y ahora no hay en sí de las cosas. Su inmanencia es nula, se ha des-ontologizado. Ha sido transustanciada y fetichizada. Ya no en fetiche de las mercancías sino en fetiche del dinero. Como el dinero se desdobla en oro, entonces, “si el tiempo es oro” el tiempo es dinero. Y, como el dinero es valor, el valor es tiempo. Tiempo de trabajo. Trabajo que crea riqueza. Riqueza que tiene un límite inferior sobre la cual asentar una existencia deseable. Deseable para el espíritu, pero no para el espíritu humano: la razón, sino para el espíritu del capitalismo (Weber dixit) que lo ciñe todo. Es un universal ante rem, que toma la realidad como correspondencia, a la que se impone y la cual debe adecuarse, perfeccionar la idea omnipotente y de gran espíritu. Adecua la realidad a una metafísica. Lo hace enajenando, extrañando al sujeto de esa relación, lo desvanece como humano. Lo coopta introyectándole una moral, una rectoría valorativa que permite dar sentido a la acción de valorización del valor, la única acción racional, la única acción con sentido: la creación de capital. Dicha moral es el ethos protestante: para vivir adecuado al mundo moderno se debe cuidar e incrementar la riqueza (dinero que produzca más dinero) para procurarse un bienestar, pero a condición de atender las necesidades de reproducción de esa riqueza. Eso no se logra sino con responsabilidad, racionalidad, eficiencia y sentido realista. La autoafirmación decorosa, que permita ser mínimamente rico, debe partir de esos valores, realizando así esa ética auto-represiva.

IV

Memoria corta: “sin inmediatez con el objeto” (Deleuze). Ad-hoc a la saturación. Piensa rápido. Presurosidad del tiempo. Atomización del tiempo. Micro-tiempos aislados. Velocidades privatizadas. Discontinuidad textual. Flujo de imágenes. Aquí y ahora. A-historicidad.

V

¿Cómo valorar el azar, lo contingente, en una dinámica que, per se es negadora de ello? Se está en un estado que aísla la necesidad, para la pura consecución de esta. La incomunica evitando que converjan azar y necesidad, contingencia múltiple y necesidad cambiante, creadores de posibilidades de libertad. El azar que subvierte la dictadura de la necesidad, y con la cual se debe articular en una paralaje dialéctica.
El cuerpo, la psique individual se convierte en receptáculo de motivaciones, imputaciones, intencionalidades, pero también de represiones y constreñimientos que devienen en neurosis. La neurosis como pieza del rompecabezas. El desgaste de fuerza humana y la redirección de energía libidinal. La sublimación de las potencias instintivas, eróticas, pulsionales se metamorfosean en la actividad productiva y las diversas ocupaciones que van derivando del homo œconomicus.

La energía libidinal es consumida en el proceso de trabajo, absorbida casi en totalidad hasta su nulidad, y si le queda algún residuo es consumida en el proceso de consunción de objetos o de estilos de vida, de relaciones humanas que se convierten en “enteras concreciones cosificadas de la vida” (Lukács), dado el extrañamiento, la alienación de sí mismo y de los otros. El consumo del proceso de consumo (Jameson) cala hasta la insatisfacción y el malestar psíquico, fisiológico y emocional y se expresa en “un consumo desmedido del todo sin llegar al disfrute total de las cosas”. Y todo ello antes de poderla realizar efectivamente, en el acto lógico, biológico, procreativo de la vida: la práctica sexual.

Así no queda nada para eros: el placer, lo lúdico, lo sagrado, la ruptura. La economía libidinal se pone estásica. El valor-tiempo-abstracto-espectral-tanático subsume casi por completo al tiempo-valor de uso-concreto-erótico. Lo ha hecho por vía de “liberar” pulsiones en forma de que debiliten la energía creativa, erótica. La relación en vaivén dialéctico del cuerpo-razón, el cuerpo-imaginación, el cuerpo-pulsión como fuerza productiva procreativa-vital-metabólica, convertido en fuerza productiva técnica-instrumental y en fuerza destructiva de sí mismo.

Ocurre una representación de la vida como ensamblada en lo absoluto del proceso de maximización productivo y consuntivo. En los que las formas más salvajes del consumo (salvajes en tanto que va contra la sustancialidad humana que tiene lugar en la interacción de lo natural y lo social) cosifican los actos y gestos humanos, las redes de relaciones humanas en su conjunto. Gesto y acto humano articulados para la maximización de ganancias. En estos no hay ya trascendencia de las prácticas en tanto que se erradica la perspectiva. Así las decisiones y las prácticas se hacen tabula rasa (inconscientemente) para procurar la conservación del sistema.
Las redes de relaciones humanas desarrolladas por medio de relaciones de expresión, que darían cuenta de la necesidad de vincularse colectivamente son silenciadas. Vinculación reprimida por la relación entre cosas. La vinculación comunitaria convertida en tabú, además de ser reificada y cosificada. Se le vuelve abstracta, se busca reducir una síntesis que es irreductible, en tanto que fundada en la singularidad concreta de cada cual.

Es así una “liberación” que conlleva más represión: desublimación represiva (Marcuse). Represión, auto-sujeción, auto-explotación. Reproducción del mecanismo generador del valor que se autovaloriza, bregando por la conservación del proto-sujeto del cuál todo depende, del que todo irradia: el dinero-riqueza. La condición sine qua non: separación metódica de la esfera instintiva de la intelectual; la brecha entre el placer y el pensamiento; dislocación del cuerpo y el sentido; el abismo entre la tierra y el mundo; la escisión entre capacidad y necesidad; desgarramiento comunicativo hacía sí mismo y hacia lo Otro. El brazo del principio de realidad (mercado) envuelve al eros, absorbiendo la energía libidinal sin que ocurra una nueva síntesis. El sujeto es vampirizado en lo absoluto.

VI

Lo intelectual-pensante enajenado de la materia pulsional libidinal y convertido en fuerza productiva nodal (trabajo inmaterial) de la “sociedad del conocimiento”, general intellect lo llama Marx: “en esta transformación lo que aparece como el pilar fundamental de la producción y de la riqueza no es ni el trabajo inmediato ejecutado por el hombre ni el tiempo que éste trabaja, sino la apropiación de su propia fuerza productiva general, su comprensión de la naturaleza y su dominio de la misma gracias a su existencia como cuerpo social; en una palabra el desarrollo del individuo social […] el desarrollo de capital fixe revela hasta qué punto el conocimiento o knowledge social general se ha convertido en fuerza productiva inmediata, y, por lo tanto, hasta qué punto las condiciones del proceso de la vida social misma han entrado bajo los controles del general intellect y remodeladas conforme al mismo.” En el capitalismo posmoderno ocurre, como continum de los procesos de subsunción formal y real del trabajo inmediato que consolidan al capital, una subsunción real del trabajo general, el cuál surge con la separación consumada entre trabajo manual y trabajo intelectual. Ambos son trabajo productivo. Productividad de la “producción intelectual”.

VII

Asistimos, a una de las más horribles y sofisticadas formas de enajenación, la cual es curiosamente introyectada y reproducida por el individuo como una necesidad y satisfacción propias. La totalización, la fascistización pluralista (oxímoron) que permea todos los lugares, todos los espacios. Sus efectos son la destrucción de la vida privada y el mundo de la vida; el desprecio del individuo por la paciencia, por lo contemplativo, y en el que se vuelve incapaz de tomarse el tiempo para perderlo porque “el tiempo es oro” y sería perverso desperdiciarlo; es incapaz de abstraerse del mundo maquínico para escuchar el silencio; incapaz del rechazo a lo tosco-amorfo-homogéneo porque eso significa romper la (in)seguridad. Miedo.

La auto-sujeción, que tiene como sustrato al mercado como dispositivo que interrelaciona las individuos en competencia, apaciguando así su natural salvajismo y haciendo prescindir del soberano para cumplir con la misma función, inauguran una esclavitud posmoderna.
Que ¿esclavos de qué? ¿Del dinero-riqueza, del poder, de la imagen, de la apariencia, de nosotros mismos? De todo y de sí mismo. De sí mismo como dispositivo metabólico que, fetichizadamente, actúa como dinamizador del mercado.

Y qué ha hecho que la modernidad como promesa de liberar al individuo del mito, de dios, de lo metafísico, de lo irracional, de la naturaleza enseñoreada, haya desviado de su telos. Cómo creó, en parte, individuos que progresivamente pervierten la direccionalidad de sí mismos y del curso histórico, que estaba basada en la disminución de la escasez y la felicidad secularizadas, no obstante que siguen creyendo marchar por la senda adecuada y racional, benigna y satisfactoria. ¿Qué color de pastilla se tomó? ¿Qué microchip se le incrustó? De vuelta Weber: el ethos protestante.

VIII

El panorama: individuos salvajes que sólo pugnan por su autoconservación. Individualidad reducida por la universalización del soberano en el cual se fundamenta el sometimiento, racionalmente elegido. La reducción que opera es la abstracción de lo múltiple humano al miedo.

La elección que presupone responsabilidad estaría significando la reproducción en cada momento de la cotidianeidad de las mercancías. El proceso de autoconservación sería no sólo del individuo sino también del capital, necesitando así la racionalización y una disciplina del cuerpo (Foucault) ad-hoc a la división del trabajo.

La exigencia de productividad le viene por dos frentes: tanto por la prescripción normativa del ethos asumido, como por la presión y auto-sometimiento al que se sujeta en tanto que se vuelve prescindible estructuralmente, en tanto que trabajador abstracto. No es un trabajador concreto al que se le valore el trabajo en su carácter cualitativo, porque detrás tiene a todo el ejército de reserva que aspira y compite para ocupar su lugar.

El ethos protestante en la posmodernidad entra en contradicción con sus mismos principios ya que en el plano normativo se prescribe responsabilidad, productividad, eficiencia y atesoramiento, pero en el plano práctico el mercado lo somete a un consumo desmedido, no sólo de cosas sino de cultura y formas de vida cosificadas.

En la postmodernidad la guerra de todos contra todos se redirige en la violencia hacía sí mismo. La violencia sistémica no sólo es direccionada a los sin-parte. También los integrados al sistema la padecen y auto-infligen. Miedo como corolario de la violencia. Miedo a sí mismo. Miedo al otro. Miedo a lo diferente, a que sea diferente: a dejar de ser lo que se es; a dejar de perpetrar el status quo; a reventar el sentido común.

Lo que ello implica es un compromiso que subvierta la seguridad, para obtener lo nuevo, pero antes que con lo Otro es un compromiso consigo mismo: la reinserción y recuperación de la espacialidad. Una nueva cartografía que tenga como condición el reparto de lo sensible (entendido como la identificación de un común sensible que se ofrece, y en el cual se puede ser participe en tanto que se tiene lugar en tal reparto. “Es un reparto de tiempos, de espacios y de formas de actividad… hace ver quién puede tener parte en lo común en función de lo que hace, del tiempo y el espacio en los cuales esta actividad se ejerce.” Ranciere.). Que tenga como lugar el espacio del conocer, del pensar y del sentir individual-privado; en los micro-espacios, sin descuidar, por supuesto, los espacios comunes, la espacialidad desde dónde ejercer micro y macro-política. Subvertir el orden lógico-histórico impidiendo que la recuperación del espacio sea ocupado por la violencia espontánea. Ya es tiempo.

IX

Junto al fin de la historia y al fin de lo político se unifica el fin de las ideologías, que deviene así, sin utopía ya valida y posible: la razón cínica de Sloterdijk. Esa falsa conciencia ilustrada que bajo la racionalización entendida aquí como omni-comprensión que elimina los residuos “irracionales” y “bárbaros” de casi todo en la posmodernidad, es justificada como elección con conciencia de estar actuando sin principios, sin condiciones normativas de la acción, sin ejes valóricos, sin deber ser. Donde la otredad (naturaleza) esta subsumida por completo y las explicaciones psicoanalíticas dejan ya poco espacio a lo “irracional” como incomprensible. Al eliminar la situación (estructural), la contextualización, se atribuye al sujeto un ego aislado al cual su conciencia le dirige al arsenal de mercancías frente a lo cual toma decisiones “racionales”, haciéndose comprensible (la Verstehen diltheyana se actualiza) por el mayor número de individuos. Frente a lo des-historizado, lo descontextualizado, lo des-situado toda elección racional es “comprensible”.

Es una razón cínica que consume no sólo lo que produce el mercado sino el mercado como concepto mismo. La cosificación mercantil vuelta imágenes de consumo en que se convierten las subjetividades, las sensibilidades, las solidaridades, las conciencias, todo ello en el vórtice de igualdades y libertades. Todo eso que el arcoíris del mercado con toda su gama de grises ofrece. La imagen es ya el producto que se consume. Se oscurece el referente. No se sabe qué es ni dónde está.

La estructura de sentimientos (Raymond Williams) reconfigurada en la posmodernidad. Se percibe el espacio y el tiempo de forma distinta. Se deslocaliza la distancia necesaria para colocarse frente al mundo, arrollado por la vertiginosidad del tiempo. La distancia “crítica” como peculiaridad disruptiva, ha sido desaparecida. Es en la compresión del espacio y la dilatación del tiempo como síntoma del actual estado de cosas, donde el individuo copado por la totalización posmoderna mercantilizada, pierde el sentido de espacialidad que lo podía situar en determinada distancia, semiautónoma, para negar, cuestionar, subvertir, invertir o proyectar (transformada) la inmediatez sensible.

X

Se pierde de vista el movimiento, “el movimiento auténtico, el movimiento propio de los cuerpos comunitarios” (Ranciere).

Javier Gómez Monroy

Entrevistas Radar

El estudio de caso de Radar se ha nutrido de los testimonios de las siguientes personas:

José Wolffer (http://www.lideresmexicanos.com/2010/03/jose-wolffer-hernandez-director-del-festival-de-mexico-fmx)

Rogelio Sosa (http://www.caustica.net)

Andrés Solís (http://www.radar.org.mx)

Manuel Rocha (http://www.artesonoro.net/ManuelRochaIturbide.html)

Manrico Montero (http://manricomontero.com)

Julio Clavijo (http://www.myspace.com/julioclavijo)

Iván Naranjo (http://www.myspace.com/ivannaranjo)

Oscar Adad (http://voodoonoise.wordpress.com)

Eric Namour (http://elnicho.org)

Fernando Vigueras (http://www.myspace.com/fernandovigueras)

Antonio Domínguez (http://betabelle.org)

Maria Lipkau (http://www.myspace.com/laorquestasilenciosa)

Dyan Pritamo (http://www.arthurhenryfork.org)

3.7.10

Violencia en el Aire

En Mujeres soñaron caballos de Daniel Veronese, Lucera es un personaje tímido, inofensivo y aparentemente incapaz de siquiera tocar un arma. Sin embargo, a las 8:05pm decide matar a toda su familia extendida con una pistola, incluyendo a su esposo. En ese momento ella se atreve a ejercer la violencia sin sentido a la cual siente que ha estado sometida toda su vida. El guión de esta obra de teatro concluye con una reflexión que hace este personaje y que sintetiza cabalmente el estado actual de las cosas: "Hay un nuevo tipo de violencia en el aire. Lo veo. Lo siento dentro de mí y dentro de mucha gente..."
Hoy el escepticismo y la indiferencia que imperan en nuestra sociedad frente a lo político tiene ecos de lo que algunos estudiosos han llamado "el fin de la política". Pero, ¿a qué se refieren con esto? Si México basa su orden social en principios institucionales claramente políticos como lo son las elecciones, los partidos políticos, la división de los tres poderes de la república y el respeto a la voluntad de la mayoría y de las minorías, ¿por qué plantear el fin de la política?

Uno de los representantes de esta escuela de pensamiento, Jacques Rancière, nos propone repensar lo politico ya no como una esencia unitaria en la que se disocia el pensamiento de lo político del pensamiento de poder, sino como una esencia indeterminada en la que las divisiones y diferencias internas no cesan de trabajar, de orientarse y de alterarse por las prácticas sociales. Así, el verdadero sujeto político se constituye cuando su participación toma la forma de contrapoder en un orden establecido.

De acuerdo con estos pensadores, la paradoja principal de las democracias modernas es que a través de la idea del “consenso” éstas han logrado separar la idea del contrapoder de la idea de lo político. Así, el sujeto político en la democracia consensual, se constituye a partir de su relación positiva respecto al orden establecido, en nuestro caso la de elegir a nuestros representantes que buscarán hacer valer nuestros derechos como individuos. Cuando hablan de una Democracia fundamentada en el consenso, se refieren a un acuerdo general que existe sobre el orden de desigualdad que se cree más apropiado para garantizar a los menos desfavorecidos una parte suficiente de poder y bienestar, y que permite perpetuar este orden aparentemente democrático. Así, repensar lo político implicaría ir más allá de la igualdad aritmética y de la adición unificada de los deseos de los individuos.

Rancière toma como eje central de su argumento la participación y propone que la política existe en tanto se pueda concebir como un espacio en el que el sujeto político democrático pueda alterar el orden establecido. Partiendo de una visión crítica de las tesis que anunció Fukuyama en su famoso libro "El fin de la historia", Rancière nos explica que en este momento se han abandonado por completo las ilusiones vinculadas al poder y a la representación en cuanto programa de liberación y promesa de felicidad para los sujetos políticos. En general, la protesta política ha pasado a un segundo plano en las prácticas ciudadanas. Sólo algunos pocos, quizá los más desfavorecidos son los que continúan participando de esta forma claramente con la ilusión de constituirse como un contrapoder. Se podría decir entonces que gran parte de la población ha relegado la participación ciudadana por el imperium de una idea y de un telos de un gobierno (seguridad nacional, guerra antidrogas) ya sea como reflejo de sujeción o de miedo, o por qué no decirlo, de ambos.

Algunos teóricos ubican los fundamentos de la sujeción política moderna en la raíz del pensamiento anglosajón de Hobbes. Este teórico del Estado trata de reducir todas las individualidades a una base motivacional universalmente natural y suficientemente estable para asegurar un sólo poder soberano capaz de garantizar la sumisión general y homogénea: el Leviatán. Así, la teoría del Leviatán se basa en la suposición de que todos los individuos están obsesionados por un inextinguible deseo de autoconservación y, que a la vista de esta amenaza, manifiesta o latente, de destrucción, se debe buscar el fundamento universal del sometimiento como cuidado racional de uno mismo: el Estado, pero no cualquier forma de Estado. El Estado que propone Hobbes es un Estado policial en el que el miedo de los individuos es el motor fundamental que legitima todas sus acciones.

El Estado moderno policial es un eco de los postulados filosóficos de Hobbes, pero también de Schmitt y Robespierre. El miedo como razón de ser del Estado, reproduce fuertes principios orientados al orden y al consenso que evidencian que la capacidad de amenazar, complementada con la aptitud de ponerla en práctica, es la auténtica razón de su existencia práctica. Esta reducción del comportamiento humano a un último movimiento, el miedo, pone en marcha una serie de consecuencias epocales. Unos de los más claros, a mi parecer, son las concepciones modernas de igualdad y tolerancia, así como la naturaleza policial de la política y del Estado moderno. Me refiero al concepto de igualdad que promueve y reproduce el desprecio desmesurado al desarrollo de la masa y de los "sin-parte" como sujetos políticos (ver Rancère, ¿Sociedad Igual?).

La tolerancia entendida como una práctica política que contribuye a sostener un orden que perpetúa el sistema injusto que rige en el mundo así como los fuertes principios orientados al orden y al consenso. Me refiero al liberalismo tolerante como aquél sistema en el que las demandas de reconocimiento son atendidas sólo en apariencia por el Estado con la intención de aunar y homogeneizar a todo el género humano como si las distinciones entre los individuos fueran una mera desviación de la norma. Así, las políticas "identitarias" contemporáneas parecen dar a diferentes grupos (homosexuales, feministas, trabajadores, migrantes) soluciones inmediatas, cuando en realidad los subsumen en un conjunto de entes en apariencia satisfechos, cuyo lugar —inamovible— en el tejido social está sólidamente establecido en tanto que contribuyen al desarrollo de este sistema.

Vivimos un momento en el que el ejercicio político se ha volcado por entero al presente eliminando todo lo que no está dirigido a la maximización de posibilidades de éxito del individuo-en conjunto (ya no de la comunidad en general), para así entrar a una temporalidad homogénea, una temporalidad aligerada del pasado y del futuro a la cual le corresponde un espacio liberado de discusión. Sí, ese es el espacio (a)político llamado centro.

Alguna vez leí que al no tomar partido en algo, se está tomando partido. Al no tomar partido se practica una negación de violencia sistémica y subjetiva que se produce y reproduce hacia los individuos excluidos, aquellos que crecientemente se consideran como sobrantes y desechables: desde los vagabundos hasta los inmigrantes o los desempleados. Esa violencia sistémica basa buena parte de su potencial en el miedo a la diferencia, lo cual conduce a la sociedad hacia un callejón sin salida, en el que nos convertimos en seres apáticos, incapaces de movilizarnos por nada ni de asumir compromisos duraderos.

Las políticas actuales proclaman el respeto a la alteridad, pero fomentan de forma solapada la intolerancia ante la ocupación de los espacios. En un espacio social en el que se excluye a determinadas clases (razas, personas, estamentos), las personas se encuentran "privadas de mundo" y en esta situación, la violencia contemporánea se explica como un fin en sí mismo es decir, es a través de la violencia sin sentido que se intenta recuperar el espacio perdido. En la defensa a la intoleracia, Zizek conlcuye que esta violencia sin sentido se torna hoy en la única manifestación real de protesta que queda.

Andrea Ancira