[1] El concepto de “esfera pública” es un claro ejemplo de cómo se han planteado en la filosofía política liberal este tipo de “acuerdos”. Comúnmente se utiliza este término para referise a un espacio de deliberación en una democracia en donde se busca llegar al consenso. No obstante, este concepto se utiliza sin considerar que, desde el planteo de Habermass, esta idea se refiere únicamente a un fenómeno asociado al nacimiento de la sociedad burguesa democrática-liberal en Europa. Así, contrario a lo que normalmente se argumenta, la esfera pública no es democrática per se, ya que ésta es un espacio reservado únicamente para los dueños de la propiedad privada que, como “ciudadanos iguales”, deliberan sobre sus problemas comunes hasta llegar a un consenso basado en un discurso argumentativo racional.
[1] Jacques Ranciere. “La comunidad de los iguales”, p. 114
[2] Jacques Rancière, “El fin de la política o la utopía realista”, En los bordes de lo político, Buenos Aires, La Cebra, 2007, p. 44.
[3] La escuela radical francesa representada por Jacques Rancière, Alain Badiou y Étienne Balibar, nos propone repensar lo politico ya no como una esencia unitaria en la que se disocia el pensamiento de lo político del pensamiento de poder, sino como una esencia indeterminada en la que las divisiones y diferencias internas no cesan de trabajar, de orientarse y de alterarse por las prácticas sociales. Así, el verdadero sujeto político se constituye cuando su participación toma la forma de contrapoder en un orden establecido.
[4] Jacques Rancière, En los bordes de lo político, Buenos Aires, La Cebra, 2007, p. 9.
[5] Del griego ochlos: significa multitud, masa, chusma, plebe. Según Rancière, en la edad democrática moderna, esta división es la fuerza humanizante que se encuentra en el corazón mismo del conflicto democrático. se manifiesta como lucha de clases la cual proclama en el corazón mismo del conflicto democrático.
[6] Chaui, Marilena. “Cultura y democracia”. En publicación: Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano no. 5. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Publicado por Le Monde Diplomatique, España. Julio 2008, p. 7.
[7] De acuerdo con el filósofo Antonio González, los actos son contingentes porque acontecen independientemente de que una investigación ulterior determine si su acontecer era o no necesario. Es una contingencia, no en el nivel explicativo, sino en el nivel puramente análitico o descriptivo. Esta contingencia incluye y trasciende la facticidad. Y es que los actos no consisten solamente en la actualidad fáctica de lo actualizado, sino que su acontecer es una actualización. Lo que se actualiza es, si se quiere, un factum, pero la actualización es algo más radical que un factum. Es un facere en el sentido de un surgir que culmina en lo que surge, pero que no se agota en su término. Factum es en realidad un participio pasivo, que designa lo hecho, mientras que contingens es un participio activo, que designa el surgir de lo que surge, el acontecer de la facticidad. Ciertamente, el surgir incluye lo que surge, pero no se agota en ello (Antonio González, 2008)
[8] Un gobierno democrático que se apoya en una justicia de tipo aritmético quiere, stricto sensu, la igualdad de todos y por lo tanto basa la condición de cada individuo respecto de la de cualquier otro en razones de identidad (a=b=c=d=…=x). Este concepto se contrapone al de igualdad geométrica o proporcional propuesto por Aristóteles, y el cual defiende una justicia distributiva basada en el mérito. Para Aristóteles, un gobierno justo actúa en pos de una igualdad proporcional. A este tipo de justica es a lo que Bodino llamó “justicia armónica”.
[9] Cuando la igualdad es un fin por alcanzar en lugar de un principio de acción política, ésta está sujeta a la iniciativa de individuos y grupos que inventan formas (individuales y colectivas) para verificarla ignorando que éstas no hacen más que seguir reproduciendo las desigualdades diferenciales en un orden social dado. Rancière define la igualdad política como el principio fundamental a través del cual los individuos y grupos marcan su inscripción en la comunidad reclamando una distribución diferente inventando formas individuales y colectivas para su verificación. Ver Jacques Rancière, En los bordes de lo político, Buenos Aires, La Cebra, 2007
[10] El valor de uso hace referencia a las necesidades humanas y al proceso de producción que lleva a obtener esos objetos a los que se les llama valores de uso, que satisfacen las necesidades humanas y por tanto están en el centro de la vida humana y de la reproducción de la sociedad. Revisar Bolívar Echeverría, Valor de uso y Utopía,
[11]Chaui, Marilena. “Cultura y democracia”. En publicación: Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano no. 5. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Publicado por Le Monde Diplomatique, España. Julio 2008, p.2.
[12] El cual supone una verdadera comnicación entre las personas de una comunidad. En esta sentido Identidad y alteridad conforman una dialéctica, sin la cual el “yo” y la participación se vuelven impensables.Morín, Edgar (1999): “La cabeza bien puesta”, Buenos Aires, Nueva Visión.
[13] Laura Arce, Alteridad y participación: El Binomio Indispensable para construir una cultura de paz.
[14] Gilbert Durand, Las estructuras antroplógicas de lo imaginario, Fondo de Cultura Económica, México 2005.