1. Anton vivía lejano en el estado de Texas. Su padre había sufrido de un derrame cerebral y el abandono de sus hijos, despatriados, conllevaba al de sus sentidos. Él desaparecía en México mientras su linaje se azotaba al enfrentamiento de nuevas realidades. En Texas hablaban inglés.
Era un primer día de clases temible, nervioso, como cualquiera en la primaria. Anton, niño, se encontraba tan confundido como quizá su padre. Hablaban inglés; tendría que superar el reto, pararse ahí frente de todos, tan distintos, soportar el golpe de la novedad. Perdió toda estabilidad en un instante.
La maestra le preguntó algo sobre un gato, cat en aquel idioma indescifrable. Al verse obligado a responder, a dar el primer paso de la comunicación, Anton ensordeció de repente. No pudo escuchar nada de ahí en adelante, por días.
En el hospital dijeron que su oído se encontraba en condiciones perfectas.
2. María hablaba de una conocida suya. Esta disfrutaba de hacerse varios cortes en la piel con navajas delgadas, en lugares protegidos de riesgo pero ricos en flujo sanguíneo. En lo general, era una muchacha normal.
Pocos años después tuve la oportunidad de conocerle. Era una mujer simpática, si bien algo distraída y de humores incontrolables, que había venido a visitar a María. No pude dejar de pensar en aquella historia, descripción quizá que no veía marcada en ninguno de sus brazos. Me armé de valor y tomé la decisión de preguntarle:
- ¿Por qué te cortas? – le pregunté, de una manera un tanto descuidada.
- Me hace sentir viva, me recuerda que estoy aquí parada.
3. Algunas personas no pueden decidir sobre su cuerpo. Cada seis segundos un niño muere de hambre (uno, dos… habrán muerto unos cinco cuando este párrafo deje de leerse, niños), o más bien, un cuerpo deformado por los estragos de la alimentación deja de funcionar. Hay que tomarlo así. Como un número frío, como estadística.
Es interesante observar cómo nuestra relación con el cuerpo, cuando controlada y negativa (como en los casos citados con anterioridad), pero controlada a fin de cuentas, adquiere particularidad y atención: la figura de una sola modelo en los huesos impacta de igual manera que la cifra dada al inicio del texto. Quizá impacte más. Pareciera que la pregunta importante es: ¿cómo pudo hacerse eso?
El suicidio, por ejemplo, se considera uno de los temas más parcos y horrendos en relación a la muerte. La decisión consciente sobre el cuerpo, la decisión de dejarlo a un lado, se considera una aberración. Como, para muchos, el aborto. La anorexia, la sexualidad activa sin control, la bulimia, la autoflagelación, las cirugías plásticas, la vanidad, fumar, comerse las uñas o un millón de hamburguesas. La norma social indica que el descuidado del cuerpo (y cualquier actividad parece negligente) se castiga siempre y cuando no sea víctima de alguna otra maquinación social como, por ejemplo, los sistemas económicos, las guerras, la violencia intrafamiliar. Esas muertes, infecciones dolosas que nos atacan todos los órganos, son estadísticas, números fríos.
En esta era de lo individual, lo individual pareciera ser la manera en la que nos relacionamos personalmente con nuestro propio cuerpo.
4. Alguna vez escuché que David Bowie había escrito una canción hímnica y romántica después de ver a una pareja de novios besarse del lado oriental del muro de Berlín. La canción lleva “Héroes” por título y los retrata de esta manera. Es una canción que presenta un sabor un tanto exagerado para lo que representa; sin embargo, es justamente la relación entre corporalidad, sensación y ciudad (polis, pues) la que justifica semejante rimbombancia.
La ciudad, como sistema, termina por ordenar el cuerpo de sus habitantes. Un régimen determinado produce limitantes de una u otra naturaleza, y el comportamiento sexual de las personas en mucho se determina por estos factores. Para el compositor inglés, asentado en esa enorme construcción social que es el star system occidental y de democracias liberales, un acto de expresión corpórea como es el besar a alguien adquiere dimensiones “heroicas” por suceder en una ciudad distinta a la suya. Existe un juicio de valor (darle esa cualidad a un acto tan normal y amoroso) porque se asume, en automático, que lo primero y más básico de lo reprimido en un sistema autoritario es el cuerpo y sus acciones.
Si Bowie hubiera visto una escena similar a las afueras de su casa no hubiera dado tanta importancia al evento. Lo importante para él era el contexto que lo rodeaba, acentuando la naturaleza social e imaginaria colectiva de cómo es que el cuerpo se construye de sociedad en sociedad. “Heroicas” nunca serán las parejas de un matrimonio arreglado, como tampoco lo será una aburrida pareja de viejillos ingleses.
Bowie está casado con una supermodelo somalí.
5. Si el cuerpo humano a veces sucede como una extensión del cuerpo social, es importante entender que la sociedad misma a veces responde como una extensión del cuerpo de sus habitantes.
¿Por qué en México lo ilegal de la pornografía, la interrupción del embarazo (van diecisiete), el suicidio y en Arabia Saudí lo ilegal de la sodomía? ¿Por qué lo legal de las drogas en Londres y en Ámsterdam, lo legal de las publicaciones eróticas danesas, lo legal del matrimonio homosexual en Iowa y Vermont? ¿Por qué en México los sindicatos, la corrupción y el narcotráfico?
Un conocido holandés daba una respuesta maravillosa. A la pregunta: ¿Preferencia sexual?, siempre respondía: Soy holandés.
Toda institución, constructo social, refleja nuestras debilidades individuales. El juego es legal en las Vegas porque un agregado de sus cuerpos lo permite. En Salt Lake City, capital mundial de los Mormones, la idea de lo puritano se encierra en la posibilidad de la poligamia. Pues, en lo sexual. Pues, en el cuerpo.
No podemos entender a la ciudad sin entender la esencia de su población. El reflejo de cómo es que deciden y manejan sobre su cuerpo. Decía Goethe que siempre de lo particular surgía lo universal. Luis González explicó al mundo desde San José de Gracia, comiéndose muy ricos quesos y disfrutando él a sus mujeres.
Como un viejo y atinado espejo de su tiempo.
6. El cuerpo humano es la temperatura con la que medimos nuestros miedos y nuestras acciones en lo particular, así como nos permite pensar en todo el lugar que nos rodea. Las reacciones del cuerpo son las reacciones de todo lo humano:
Hace un par de años atropellaron a mi madre afuera de mi casa. Cuando llegué a su rescate, la imagen era espantosa: se encontraba sangrada entera pero, sobre todo, lejana de aquella comunión que genera la mente y el cuerpo. Balbuceaba, decía incoherencias. Nunca entendí si podía reconocerme. No podía enterarme de su estado físico y, por tanto, sus posibilidades de supervivencia. Ella no podía socializar, el cuerpo la había dejado.
Ahora sobrevive y sobrevive como cualquiera de nosotros. Sin embargo, me dejó el profundo impacto de que es el estado del cuerpo, de nuestro propio cuerpo, lo que permite identificarnos e identificar todo lo humano.
Fernando Delmar Huerta